Septiembre: periodo de adaptación 


Me sigo llamando Sheila, sigo teniendo 28 años, llevando las mismas gafas, peso lo mismo, visto igual, el peinado es prácticamente el mismo… aparentemente no hay nada nuevo. 

Hace 25 días volví de las vacaciones, lo mismo que todos los años. Quizá lo distinto es que este año, por primera vez, he viajado sola. 

Viajar sola condiciona mucho el tipo de experiencias que atesoras. Para empezar si viajas sola (y si además eres mujer, pa’que te voy a contar…) te inculcan que has de viajar con miedo, que debes llevar el doble de prudencia y que no puedes fiarte ni de tu sombra. Lo de la prudencia está bien, pero (llamadme soñadora…) en este mundo, gracias a Dios, hay más gente que ayuda que gente que hace daño. 

El tema es que he viajado sola, he conocido a muchísima gente (la mayoría gente maravillosa y excepcional), he vivido muchísimas cosas que uno se pierde cuando va acompañado, he aprendido mucho (sobre todo sobre mí), y he sentido de un modo mucho más intenso. 


Lógicamente este verano para mí ha sido excepcional y me siento bendecida, afortunada y feliz. Pero la vuelta está siendo complicada. 

Volví apenas 12h antes de entrar a trabajar, y apenas 48h después subía de nuevo a un avión para seguir con la aventura… desde entonces todavía no me he sentado a hacer la digestion. No he tenido todavía una tarde libre o un fin de semana para descansar y poder ordenar en el corazón todo lo que he vivido. 

En parte (una gran parte), es culpa mía porque he ido diciendo “si” a todo, y no me he ayudado a encontrar ese momento. No me arrepiento de ningún “si”, son más regalos que puedo ir guardando. 

Sin embargo, si que veo que necesito ese tiempo, que necesito ese espacio para ir haciendo la digestión e ir conociendo a la Sheila que ha vuelto de este viaje. Por eso os pido (y me pido) paciencia. Estoy rara, estoy susceptible, hago poco caso a mis amigos, llamo poco, contesto pocas llamadas, no leo muchos mensajes, no envío casi ninguno, y me agobio rápido. Lo siento, no os quiero menos, no estoy cansada de nadie.

 Estoy, como los niños con la vuelta al cole, en proceso de adaptación. 

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