Dividida

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“Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?”.

Esa exclamación desesperada, que Rubén Darío lanzaba al Misterio, se hace carne de un modo bastante insistente en mi corazón cada vez que recuerdo el tiempo pasado en Calcuta.

El otro día, en el enésimo intento de encontrar alguien que entienda el sentimiento que provoca Calcuta, estuve viendo con mi familia un episodio de “Madrileños por el mundo” en el que se hablaba de la ciudad que roba el corazón a todo el que se atreve a vivirla.
Yo no podía contener la emoción reconociendo los rincones, las calles, incluso a las personas, a alguna Sister… y mi familia estaba horrorizada.

Una ciudad que se define por el caos, la suciedad, la pobreza, la violación de los derechos humanos, la miseria, la desigualdad, el ruido… y sin embargo, el lugar al que algunos corazones se aferran. La ciudad que me regala paz, alegría, libertad.

Todo apunta a que este año no iré a “casa”, y me encuentro muy dividida. Ciertamente necesito descansar, ver otras cosas, y me apetece hacer un cambio. De otra parte… la idea de no estar allí, compartiendo y construyendo historias, viviendo ese caos, el ruido, la gente… me hace sentir mucha melancolía.

Habrá que ver como juega sus cartas la realidad antes de pensar qué hacer…