Domund. Día de las misiones

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Ayer, domingo 23 de octubre, fue el día del DOMUND, día que la Iglesia Católica dedica a las misiones y a recaudar dinero para las misiones.

Dice la RAE, que “Misionero/a” es:

1. adj. Perteneciente o relativo a la misión que tiene por objeto predicar el evangelio.

2. m. y f. Persona que predica el evangelio en las misiones.

3. m. y f. Religioso que en tierra de infieles enseña y predica la religión cristiana.

Queridos y queridas miembros y miembras de la Real Academia, lo siento pero desde que han aceptado palabras como “asín“, “murciégalo“, “muslamen” o “almóndiga” (sí, lo siento, están todas aceptadas) ustedes no dan una…

Un Misionero, una misionera, es una persona que entrega su vida por los demás. Es una persona que se olvida de sí misma por llevar a Jesús a los más pobres de los pobres (y por llevar a los más pobres de los pobres a Jesús). Es una persona que se desprende con dolor de sus afectos y amores humanos por sanar con afecto y amor los dolores de quienes necesitan alegría y consuelo.
Un misionero es aquel que dedica su tiempo (algunos solo parcialmente, pero “el mar sin esa gota sería menos mar”), su esfuerzo (muchas veces incluso  la salud), y, en definitiva, su vida, por ser el rostro de Cristo en medio de todos aquellos que no tienen voz ni nombre en nuestra realidad: los pobres, los marginados, los enfermos…

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sí, es ella, ya estaba tardando en salir

Un misionero no solamente es una persona que “enseña y predica la religión cristiana” a “los infieles” (OMG! Really? O.O). Un misionero/a (tomen nota señoras y señores de la RAE) es una “persona que entrega su vida para enseñar y contagiar la alegría del Evangelio a todos aquellos que todavía no conocen el amor de Dios“.

Y a tod@s ell@s, les doy las GRACIAS. Porque todos necesitamos misioneros que nos recuerden porqué vivimos, y sobre todo para quién.

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Los días de lluvia

 

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Claramente no es nuestra mejor foto, pero me encanta 

Será que tengo asociada los diluvios con Calcuta, será que hoy es jueves, o será que los días grises el ánimo también se nubla un poco… Pero hoy lo echo todo un poco más de menos, quizá la lluvia solamente me da la excusa para poder acordarme una vez más de la ciudad de la alegría.

Agosto es época de monzón en India, eso significa que mientras estoy allí, la mayoría de los días son parecidos a hoy aquí… y que la lluvia, inevitablemente, trae recuerdos de otros días de lluvia.

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Me acordaba ahora (porque se me ha roto el paraguas…) del día del “volunteer’s program”, cuando salimos todos los voluntarios desde Mother House hasta Bishop’s place.

Justo en el momento de salir empezó a caer el gran diluvio (para quienes nunca habéis vivido un monzón, creedme, la tormenta de hoy en Barcelona es un juego de niños), llegamos todos a casa del obispo como salidos de la piscina… como pudimos nos vestimos con ropa prestada… todas las sillas, ventanas, puertas y barandas se convirtieron en tendederos improvisados… probablemente más de un móvil murió por el camino… sin embargo no había malas caras, no había malos rollos, nos lo tomamos a risa.

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Sin embargo esta mañana, al ver que llovía, me ha salido refunfuñar, porque pese a la lluvia hay que conducir, porque no puedo quedarme en casa si llueve, porque me da pereza todo cuando llueve…
Echar de menos Calcuta a veces es un recordatorio de lo que allí se aprende.

Hoy es día de recordar que “sarna con gusto no pica”.
Porque si allí con un gran diluvio, uno es capaz de caminar 20 minutos, llegar hecho una sopa, ponerse ropa prestada y hacer una obra de teatro, cantar durante la adoración, cenar noodles fríos, y tener uno de los mejores días del mundo…  o subirse a un bus empapado, caminar con agua (marrón, con cosas que te tocan por debajo) por encima del tobillo, lavar ropa a mano y tenderla (hay cosas de Calcuta que no uno puede explicar y pese a todo las hace… una de ellas es tender con lluvia)… aquí, trabajar un día de lluvia o caminar 100 metros sin paraguas, o con un paraguas roto… no es un drama.

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Como dato: Mi paraguas se ha roto mientras iba de casa al coche… me he acordado entonces del paraguas gigante de colores que compré en Calcuta, pero que era tan grande que no me cabía en la maleta al volver… lo dejé allí, lo “heredó” Ramón.
Le he escrito a Ramón diciéndole que echaba de menos mi paraguas gigante, y me ha dicho que está dando servicio a las Sisters y a las señoras de PremDan, “que por lo visto ¡están encantadas con él!” (cito literalmente).
Visto así… me alegro de haberme mojado hoy por no tener aquí mi paraguas de colores… 🙂