Querido lector, regálame 3 minutos

Estos días mis queridas “Sisters” están siendo noticia. Antes de ir a buscar porqué, te pido que te detengas un par de minutos a leerme.

Alrededor del 31 de julio de 2013 llegué por primera vez a Mother House. Conocía del carisma de las hermanas un par de frases de Madre Teresa y que tenían un comedor social en Barcelona.

No tardé más de dos días en enamorarme de ellas, de la ciudad que las había visto nacer y de la misión que Dios había puesto en sus curtidas manos.

En Calcuta trabajan con bebés, con niños, con enfermos, con moribundos… Y con todo aquel a quién nadie más se digna a mirar.

Viéndolas trabajar aprendí, que no hace falta ser madre para amar como una, que no hace falta ser madre para cuidar como una, que no hace falta ser familia o amigos para darle la mano al que llora o al que se está muriendo.

Aprendí que con poco, o con nada más que Dios, se puede ser más feliz de lo que uno jamás ha imaginado, y aprendí sobre todo que el amor y la alegría son las enfermedades más contagiosas que hay.

He visto a esas mujeres cuidar bebés y curar heridas de leprosos, besar la frente de un niño con fiebre y cerrar los ojos de una prostituta recogida de la calle que muere en sus casas recibiendo el mayor de los cuidados.

Las he visto hacer malabares con sus escasas provisiones para que nunca le falte pan a una boca, aún cuando hay 30 más de las que caben en una casa.
Las he visto entregar su parte con una sonrisa que no les cabe en la cara.

Vi eso en 2013, 2014, 2015, 2016 y 2017… Y no os engaño, mientras lo recuerdo se me caen las lágrimas porque querría poder verlo también en 2018, pero este año, por motivos que no vienen al caso, no puede ser.

Estos días están haciendo correr la noticia de que al parecer en uno de sus centros podría haberse dado alguna irregularidad en la adopción de los niños.

Me llena de tristeza a unos niveles que no te imaginas, porque las “Sisters” son mi familia y me duelen como tal.
Entiendo y comparto que las autoridades pertinentes deban investigar y solventar cualquier irregularidad que se haya podido dar, pero a ti, lector (como yo, tantas veces sensacionalista…) te pido que no te creas todo lo que ves escrito en los medios.

Lamentablemente muchos de los periodistas que están publicando la noticia, es la primera vez que tienen constancia del trabajo de las Misioneras de la Caridad.

No defiendo lo indefendible y, desde luego, no afirmo que no haya sucedido lo denunciado. Digo que no lo sé, digo que puede ser verdad, porque todos nos equivocamos…

Pero te pido que antes de criticar, de echar leña al fuego o de reafirmarte en una opinión prefabricada sobre ellas… Me leas a mí, o a Ana Dominguez que también ha dado su opinión.

Antes de que puedas quedarte conforme con una mentira que han alimentado 4 periodistas desinformados que saben que criticar a la Iglesia vende, me lo digas, quizá el verano que viene podemos ir juntos a conocer a este ejército del amor vestido de blanco y azul.

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