Preparando el corazón

madreteresablog-color

Ha empezado el adviento.

Adviento es un tiempo de preparación, un tiempo en el que uno, cuando ha terminado de hacer el cambio de armarios para cuando llegue el frío, comienza el cambio de corazón para cuando llega Jesús.

Desde mi primer viaje, mi adviento siempre comienza igual… se me despierta la pregunta sobre si en la sociedad en la que vivimos, inmersos en la vorágine consumista, la Navidad sigue teniendo sentido.

Leía estos días, que la alcaldesa de Barcelona, se planteaba “cancelar” la Navidad, y sustituirla por la celebración del solsticio de invierno. Francamente, me parece un planteamiento lícito.
No vivimos en una sociedad para la que la Navidad signifique algo.

Y de todo esto, nace la segunda inquietud que se me viene planteando estos últimos años. ¿Me voy a Calcuta a pasar la Navidad?

Pienso… pienso y pienso una vez más. Pienso en lo que yo vivo y encuentro en Calcuta… esa vida sencilla, sin ningún lujo, sin comodidades, tan cercana a la realidad, en la que uno vive de lo que cada instante le regala, porque no tiene nada más. Por no tener, uno no tiene ni necesidades… y pienso en Jesús, en Dios hecho hombre, pero no un hombre poderoso, ni ambicioso, ni siquiera adinerado. Jesús no nació siendo NY, Jesús nació siendo Calcuta. Un niño pequeño, que dependía totalmente de las personas con las que compartía el día, que le gustaba relacionarse con cada cosa que sucedía y vivirla hasta el fondo, un niño que nace pobre, indefenso, en un pesebre, marginado, rodeado de pobreza, precariedad… y amor. Porque Jesús no tenía más que el amor de sus padres, y de aquellos pastores torpones y desubicados, que sin saber por que motivo… amaban a ese niño, que sin tener ninguna particularidad concreta, era excepcional.

Y, pensando esto… mi corazón brinca y rebrinca pensando en lo maravilloso que sería ir a ese sitio que para mi, es el humilde portal de Belén, y pasar la Navidad allí, con los que están marginados, rodeados de pobreza, en precariedad… y sueño que el día de Navidad me levanto para ir a Motherhouse a encontrarme con el resto de voluntarios, con Sister Mercy, Sister Catherine… que vamos a Kalighat, a Prem Dan, a Daya Dan, y allí está ese Jesús pobre, herido, marginado… que nos espera con los ojos llenos de amor porque un día más, hemos vuelto y nos reconoce, y sabe que le reconocemos.

Y es entonces cuando entiendo que las Hermanas, puedan pasar 10 años fuera de su casa, 10 años sin abrazar amigos y familiares. Es entonces cuando entiendo que los problemas a los que uno se enfrenta cada día en el trabajo, en las relaciones con los demás, no son tan relevantes como nuestro ego quiere hacernos creer. Es entonces cuando entiendo por que quiero volver una y otra vez a la ciudad del caos, y es entonces cuando entiendo que a todo ese dolor, sufrimiento, pobreza, suciedad… se le llame la Ciudad de la Alegría.

Y es cuando entiendo todo eso, que tengo que susurrarle al corazón que esté tranquilo, que su portal de Belén este año está en Barcelona, es entonces cuando tomo conciencia de que tendré que vaciar más, pero que Jesús tiene espacio para nacer aquí también, que no solamente cabe a 8000 km de aquí. Y como viene pasando estos últimos años, miraré el cartel que colgué en el corazón la primera vez que esté deseo lanzó un chispazo delatando su existencia, intentando creerme que lo que pone allí

 

keep-calm-and-say-maybe-next-year.png

Yo no soy París

cropped-dscn12281.jpg

Esta imagen me transmite soledad, desolación, impotencia… me parece un inicio perfecto para este post.

Yo no soy París. Yo no soy Francia.

No me siento parte de esta ola de solidaridad hipócrita y narcisista, que enaltece y desprecia según un criterio selectivo basado en la intolerancia y la mentira.

No soy politóloga, no soy socióloga, no tengo ni puñetera idea de como funciona el mundo de las relaciones políticas internacionales, ni siquiera me atrevo a decir que tengo una leve intuición de cuál sería la solución.
Pero soy educadora, y como educadora sé que cuando quieres enseñarle a un niño que no se pega, no puedes hacerlo a golpes. Porque no hay mayor acto educativo que el ejemplo. Y sé también que como decía creo que Ghandi, “ojo por ojo, y el mundo acabará ciego”.

No sé a quién compete determinar el valor de una vida, no sé cuál es el criterio que define que una muerte es más importante que otra, o más grave, o debe sentirse como más dolorosa.  No sé a quién compete, si es que compete a alguien, pero desde luego no es a ninguno de nosotros.
No veo la diferencia entre uno de los muertos de París, de Beirut, de Kenya, de Siria, de Irak, de Pakistan, de India, de Nepal, de NY, de Madrid… y podría seguir casi hasta nombrar cada uno de los países del mundo.
Ojo, no digo que no me duelan los muertos de París, pero si que afirmo, y además rotundamente, que no me duelen más que cada uno de los de Siria de los últimos años, o cada uno de los muertos en el terremoto de Nepal, o de los atentados de Boko Haram en Kenya.

Lo que más me duele es abrir los ojos para descubrir que vivo en una sociedad anestesiada que solo siente (y poco, más por “trendig topic”que de corazón) lo que le salpica, como si lo que pasa lejos no fuera real. Yo no quiero una vida tan reducida.
Me avergüenza ser parte de una sociedad tan egoísta que no solamente se identifica con los que son de su color (porque mira, hasta ahí… es minimamente esperable en una cultura que ha potenciado hasta el extremo el narcisismo y el infantilismo patológico), sino que se queda inalterablemente impasible y felizmente ignorante y desinformada frente a lo que ocurre más allá de su “vecindario”.

No me considero más inteligente, ni más solidaria, ni menos soberbia o egoísta que nadie. Sin embargo me hierve la sangre cuando veo este tipo de desequilibrios, la desproporción que existe en nuestro rasero sesgado en cuanto a la condena de ciertos actos (porque no nos engañemos… no son más importantes los cientos de muertos de París a causa de los atentados del viernes que los miles de muertos en Siria a causa del bombardeo del domingo).

Tampoco sé cuál es la solución para todo esto, si es que la hay, pero mi corazón, que por motivos que me son ajenos… quizá por amistades, quizá por experiencias, es más sensible a este tipo de situaciones, no puede conformarse con esta solución. No entiendo como podemos seguir sin hacer NADA, preocupados por si Cataluña se independiza, si Zara clona el ultimo modelo de Balmain, o si se anula un partido de fútbol… el corazón del hombre está bien hecho, tiende al bien y se alegra en lo que es bueno y en lo que es bello… Pero ¿de qué nos sirve tener un corazón tan bien hecho, si lo anestesiamos y nos negamos a utilizarlo para evitar salir de nuestra zona de confort?

El Destino sabe dibujar

image

Quien piensa que Dios no interviene en la historia… está radicalmente equivocado. Dios mima cada paso que uno da y no deja flecos sueltos. Pero Dios no hace las cosas con grandes aspavientos ni lujosas demostraciones (de hecho se hizo niño indefenso y nació en un pesebre), sino que se acerca al corazón y acontece conmoviendo, ilusionando, regalando un brillo en los ojos que va más allá de cualquier brillo humano…

Os hablaba hace poco de que salí muy conmovida de una cena que hablaba sobre los campos donde viven refugiados los cristianos que han dejado atrás bienes, hogar e incluso familia, por su fe… y desde ese día no ha dejado de resonar fuertemente en el corazón el deseo de no quedarme cruzada de brazos. 
Quizá es esa semilla que todo el que ha estado en Calcuta conoce… la semilla de no pasar indiferente junto al dolor, el abandono, la pobreza… ese deseo tan MC (misioneras de la caridad) de ponerse al servicio de quien más lo necesita… pero yo no puedo pasar indiferente frente a esta situación. Mi corazón, de un modo que no puedo controlar, anhela estar con estas personas que reclaman haber sido abandonadas por sus hermanos cristianos de occidente… y decirles que no, que no están abandonadas, que estamos aquí y sus vidas son un ejemplo de fe para nuestra tibieza y una provocación hacia nuestra comodidad… decirles que yo quiero y necesito estar con ellos y que me enseñen a vivir sin miedo.

Y en medio de esta agitación del corazón aparece Eulalia, una chica de 22 años (aproximadamente… perdón Eulalia si te he hecho mayor o demasiado joven) que ha pasado el verano en Irak ayudando en uno de esos campos. Porque querido lector… no soy la única, hay más jóvenes dispuestos a dar su verano por servir, y en contra de lo que la sociedad opina y propone… te prometo que es una maravilla.
Pero volviendo al tema… Eulalia me ha traído dibujos de algunos de los niños del campo… guau… como psicóloga tengo la suerte o la desgracia de ver más allá cuando me encuentro delante de un dibujo de un niño… impresionante a muchos niveles. Pero lo que más me ha impresionado de todo es, que mientras veía los dibujos y escuchaba sus experiencias… el corazón (y su infalible criterio para identificar la verdad) me decía “SIIIIII SIIIIII ESTO ES VERDAD, EN LA VIDA DE ESTAS PERSONAS UNO PUEDE ENCONTRAR LO QUE EL MUNDO ENTERO BUSCA SIN SABERLO”, y esto… no deja de impresionarme… la capacidad que tiene Dios de encontrarnos y unirnos, de darnos deseos y cumplirlos hasta el final…
Y pese a todo ¿habrá quien no crea en Él o piense que la vida es jodida?