Cuando nadie gana 

Me rindo. 

Hasta ahora he pensado que esta situación tenía arreglo. Ahora veo que he estado equivocada. Unos me llamarán optimista, otros sabrán que he sido ingenua. 

Veo violencia. Violencia institucional por parte del gobierno central y de la Generalitat. Violencia entre amigos, violencia entre familiares, violencia en los puestos de trabajo, violencia en las calles. 
Veo tensión. Tensión en toda España, por ende la veo también en Cataluña. Veo tensión entre amigos, tensión entre familiares, tensión en los puestos de trabajo, tensión en las calles. 

Veo dolor. Veo dolor en el corazón de todos los españoles y, claro está, dolor en el corazón de todos los catalanes. Veo dolor entre mis amigos, familiares, en el trabajo y en las calles. 

Soy catalana. Me siento catalana. Amo Cataluña. Soy española. Me siento española. Amo España. Me siento profundamente abandonada e ignorada por Cataluña. Me siento profundamente abandonada e ignorada por España. 

El egoísmo de unos y de otros nos ha llevado a una situación límite. Lo peor de todo es que han conseguido encender la mecha de una ruptura social sin precedente, y eso provoca que no seamos capaces de ver las consecuencias devastadoras que esto tendrá en un futuro más próximo que lejano. 

No tengo voz, influencia ni intención de llegar lejos con estas palabras… simplemente tengo intención de expresar como me siento… y no tengo intención de mentir. 

Estoy enfadada. Enfadada con mi gobierno, con el central y con el autonómico. Enfadada con mis amigos, que han permitido que esta situación genere tensión entre nosotros y que no nos permitamos hablar de ciertos temas para no enfrentarnos. Enfadada con muchísima gente, de todos los ambientes, que me miran y permiten que mi bandera me defina y defina mi relación con ellos, solo porque me niego a ponerle una estrella blanca sobre un fondo azul. Enfadada con mis sacerdotes y obispos que se entrometen  política y se pronuncian más allá de lo personal, atreviéndose incluso a nombrar a Jesús, en algo absolutamente destructivo, que no es su terreno. Enfadada con el silencio de los justos, porque como decía Santa Catalina de Siena, por haber callado el mundo está podrido. Y por último estoy profundamente enfadada conmigo por haber permitido que esto me robe La Paz y la alegría del corazón, porque he permitido que esto me entristezca en lo más profundo. 

Así que este escrito no tiene como función culpar a nadie, reivindicar ningún bando, exigir ningún derecho, exhibir ninguna libertad, transgredir ninguna ley ni abanderar ninguna revolución. Simplemente quiero expresar como me siento en medio de una belleza que siento se va desmoronando tal como la conocíamos.

Asumo que lo que está por llegar, pase lo que pase (y eso es lo que más desasosiego me causa, que no me parece que haya una solución “que acabe bien”) será duro y, en muchos casos, no será agradable. Una vez asumido, solo me queda pedir a Aquel que siempre me acompaña y que es fuente de mi alegría, que no me suelte la mano. No es mi lucha porque hace muchos años Él ya me lo dijo, donde yo quiero vivir es donde Él me está preparando un lugar. 

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