La relatividad del tiempo 

Hace menos de un mes que he vuelto. Eso significa que hace un mes estaba en Calcuta. 

Hace un mes estaba pensando “jo, en dos días me marcho”, mientras disfrutaba de mis últimas horas en India con mis amigos. Hace un mes pensaba en lo difíciles que son algunas despedidas. 

Hoy, después de una jornada laboral, sentada en una tetería (sí, me he pedido un “Chai”) mientras espero a un amigo, he tomado conciencia de lo largo que ha sido este mes. 


Pese a empezar el otoño, a oler bien, llevar una chaquetilla, algo de colorete, la raya en los ojos, el pelo limpio, tejanos… algo de esta tarde me ha llevado allí. 


Llevo 27 días en España, los mismos que pasé en Calcuta.  Pero muy distintos. Mucho más largos, mucho más intensos, igual de duros, pero en otro sentido. 

Una de las cosas que más me asombran de Calcuta es la capacidad que tiene de alterar la dimensión temporal. Cuando llevas unos días y te acostumbras a su ritmo, no sabrías decir si has estado allí dos semanas o dos meses. 

Ahora, 27 días después, veo que eso no es distinto aquí. Quizá porque todavía no me he adaptado, quizá porque cada vez soy un poco más de Calcuta, quizá porque la realidad se vuelve intensa, quizá porque me hago mayor y empiezo a notar que el tiempo no es indiferente.  


En cualquier caso, echo de menos el calor, el ruido, el color, el trabajo y el ambiente de Calcuta. 

Pero lo echo de menos de un modo distinto, con una nostalgia menos dolorosa que el resto de años. Quizá por fin he cedido y he aceptado la idea de que voy a volver y por eso no me duele tan rabiosamente el no estar allí. Total… solo faltan 287 días. 

Septiembre: periodo de adaptación 


Me sigo llamando Sheila, sigo teniendo 28 años, llevando las mismas gafas, peso lo mismo, visto igual, el peinado es prácticamente el mismo… aparentemente no hay nada nuevo. 

Hace 25 días volví de las vacaciones, lo mismo que todos los años. Quizá lo distinto es que este año, por primera vez, he viajado sola. 

Viajar sola condiciona mucho el tipo de experiencias que atesoras. Para empezar si viajas sola (y si además eres mujer, pa’que te voy a contar…) te inculcan que has de viajar con miedo, que debes llevar el doble de prudencia y que no puedes fiarte ni de tu sombra. Lo de la prudencia está bien, pero (llamadme soñadora…) en este mundo, gracias a Dios, hay más gente que ayuda que gente que hace daño. 

El tema es que he viajado sola, he conocido a muchísima gente (la mayoría gente maravillosa y excepcional), he vivido muchísimas cosas que uno se pierde cuando va acompañado, he aprendido mucho (sobre todo sobre mí), y he sentido de un modo mucho más intenso. 


Lógicamente este verano para mí ha sido excepcional y me siento bendecida, afortunada y feliz. Pero la vuelta está siendo complicada. 

Volví apenas 12h antes de entrar a trabajar, y apenas 48h después subía de nuevo a un avión para seguir con la aventura… desde entonces todavía no me he sentado a hacer la digestion. No he tenido todavía una tarde libre o un fin de semana para descansar y poder ordenar en el corazón todo lo que he vivido. 

En parte (una gran parte), es culpa mía porque he ido diciendo “si” a todo, y no me he ayudado a encontrar ese momento. No me arrepiento de ningún “si”, son más regalos que puedo ir guardando. 

Sin embargo, si que veo que necesito ese tiempo, que necesito ese espacio para ir haciendo la digestión e ir conociendo a la Sheila que ha vuelto de este viaje. Por eso os pido (y me pido) paciencia. Estoy rara, estoy susceptible, hago poco caso a mis amigos, llamo poco, contesto pocas llamadas, no leo muchos mensajes, no envío casi ninguno, y me agobio rápido. Lo siento, no os quiero menos, no estoy cansada de nadie.

 Estoy, como los niños con la vuelta al cole, en proceso de adaptación. 

(Santa) Madre Teresa

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Este fin de semana ha sido uno de los mejores fines de semana de mi vida.

He tenido el grandioso privilegio de poder participar y vivir un momento histórico que además ha sido un regalo para mí. He podido estar en la canonización de Madre Teresa.

Como contaba en el post anterior, ha sido un momento de precioso de encuentros, reencuentros, recordar vivencias, recordar rostros, emocionarme, vivir y sentir… Solamente puedo estar agradecida.

Además, el domingo (misa de la canonización) se me regaló la total y absoluta suerte de poder estar no solamente dentro de la plaza, sino en quinta fila justo delante del altar, y poderlo ver todo el directo.

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Además, pasamos la noche anterior en la calle (para poder tener buenos sitios) y fue una noche muy especial de oración, de poder compartir con otras personas, de conocer más la obra que Dios realizó a través de Madre Teresa…

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Como hice en el post anterior con la catequesis, os comparto aquí cuatro puntos sobre la homilía del Papa en la misa de canonización, en el jubileo del voluntariado:

  • Los protagonistas de la historia son siempre dos. Dios y nosotros. No va ligado ser llamados y hacer su voluntad. Primero somos llamados y luego nosotros podemos o no acoger esa voluntad.
  • Para verificar la llamada de Dios tenemos que preguntarnos qué es lo que nos gusta o lo que nos llena a nosotros.
  • Si reconocemos que en el servicio al hermano hemos alimentado, vestido, dado de beber y tocado la carne de Cristo, no existe alternativa a la caridad.
  • La multitud que acompañaba a Jesús y le seguía hoy se representa en la multitud que manifiesta en el voluntariado el amor concreto de Dios por cada una de las personas. El voluntariado es fuente de alegría y consolación. A cuantos pobres sostienen, alimentan y enjugan las lágrimas los voluntarios? El servicio da paso a la fe, exprime la misericordia del padre y lo hace cercano a aquellos que viven en necesidad
  • El voluntariado requiere coraje y radicalidad para reconocer al maestro de la vida en el marginado y en el último: por eso el que busca a Jesús en el más pobre no espera agradecimiento ninguno sino que lo hace porque ha descubierto el verdadero amor, ha reconocido a quién pertenece el rostro que se inclina sobre él en el momento de necesidad profunda.
  • Nuestra presencia como voluntarios sostiene en la iglesia la esperanza de la mano tendida del Señor cuando estamos pobres y débiles en el suelo.
  • Que ella, paradigma de mujer y de voluntaria, sea vuestro modelo de santidad. Tan cercana y espontánea que por más títulos que le demos seguiremos llamándola MADRE TERESA

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  • Ella solía decir que no podía hablar todos los idiomas, pero que se entendía con todo el mundo porque podía sonreír

Realmente solo añadir, que de todas las cosas que me han pasado y de todo lo que se me regala, yo se que sin lugar a dudas, una de las más grandes es formar parte de la familia MC, y poder ser voluntaria.

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Servir sin miedo y con humildad

¡Qué fin de semana tan intenso y tan maravilloso! 


Este fin de semana se me ha regalado vivir una gran celebración. Estoy en Roma para celebrar la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, en escasas 12 horas Santa Teresa de Calcuta (😍). 

Hoy, en los actos previos, hemos tenido catequesis con el Papa esta mañana y oración-concierto esta tarde. 

La catequesis ha sido preciosa… El Papa, en el entorno del año de la misericordia, concretamente por el jubileo de los voluntarios, ha hablado del servicio. Las ideas principales que ha lanzado para los voluntarios y los que viven el servicio (al menos las que a mí me han resultado más atractivas) han sido estas: 

– La credibilidad de la iglesia pasa a través de vuestras manos que sirven. 

– Vosotros tocáis la carne de Cristo con vuestras manos. Qué no se os olvide esto. 

– El mundo tiene necesidad de signos concretos de solidaridad, sobre todo delante de la tentación de la indiferencia. Estamos necesitados de personas que contrasten con su vida la enfermedad del individualismo 

– Estad siempre contentos y llenos de alegría por vuestro servicio pero no convirtáis nunca esto en algo que os haga sentir superiores al resto. Que vuestra obra de servicio sea humilde para que siga la obra de Cristo. 

– Pregúntale a Dios: Señor porque? Porque me has hecho tan débil y sin embargo me llamas a hacer este servicio? Señor dame fuerzas y dame humildad

Además esperando a que empezase me he encontrado a una sister de Calcuta que ha venido a saludarme… ¡Cómo en casa! 


Y después por la tarde… El concierto-oración ha sido muy bonito, pero el regalo ahí ha sido otro… Conocí este verano en Calcuta un sacerdote de NY que me ayudó muchísimo pero del que lamentablemente no pude despedirme… Y hoy le he visto aquí y los dos nos hemos emocionado mucho porque la Madre Teresa le ha “arrancado” a Jesús el regalo de poder despedirnos e intercambiar el mail. Además me ha dado una bendición preciosa… Y de camino a mi sitio me he cruzado con sister Prema (la superiora general de las misioneras de la caridad)  y me he llevado también una bendición suya 💙. 


Solamente puedo estar agradecida… Y ¡mañana más!