Yo sí tengo miedo

Dos semanas después, pese a que queda muy lejano, uno pasea por Barcelona y parece que todo ha vuelto a una siniestra normalidad. 

Desde que volví de Calcuta (el martes por la tarde), no había paseado por Barcelona. Hoy venían unos amigos de Madrid y nos encontrábamos en el centro… así que me he visto de repente en el semáforo delante de la rambla, siendo consciente de que estaba en el sitio donde hace dos semanas se desató el pánico en Barcelona. 

No hay más que unas pocas flores y velas a la entrada de las ramblas, que recuerdan lo que pasó. 

Eso… a priori. 

La realidad es que en toda la zona del centro no hay cobertura en los móviles, hay inhibidores. 

La realidad es que apenas hay turistas que pasean por allí un 31 de agosto. 

La realidad es que cuando pasas por allí (y me he sorprendido haciéndolo yo también) caminas deprisa, con cierta tensión y en el aire hay una sensación rara y difícil de explicar. 

La realidad es que solo hay que mirar alrededor para darse cuenta de que la mitad de la poca gente que hay por allí, son policía… no tan secreta. 

La realidad es que por mucho que sigamos con nuestra vida, a mí me da miedo pensar que podría haber estado allí, que cualquiera de mis amigos o familiares podrían haber estado. 

La realidad es que me da miedo que vuelva a pasar, porque puede volver a suceder. 

La realidad es que seguimos viviendo porque nos convencemos de que estamos seguros, pero no podemos estar seguros. 

La realidad es que hay quien está aprovechando el sufrimiento que hay detrás de todo esto para sacar tajada, para ganas prestigio (o votos), para hacerse un nombre, para lucrarse… y eso me da más miedo que el hecho de pensar que podemos volver a pasar por otro ataque. 

La realidad es que si las personas que tenemos al lado, si las personas que tienen el poder (a quienes, os recuerdo, nosotros les hemos dado ese poder) nos ocultan información, manipulan datos y aprovechan las muertes de inocentes para sus intereses… estamos no sólo desprotegidos, sino que estamos expuestos. Expuestos a que nos sigan engañando, a seguir inseguros frente a quienes quieran hacernos daño, expuestos a que utilicen nuestro dolor para seguir llenando sus bolsillos… y eso es, con diferencia, lo que me da más miedo.

Me da miedo la falta de humanidad, me da miedo que se propicien ciertas situaciones para herirnos unos a otros, me da miedo que se nos olvide lo que ha pasado, me da miedo que sigamos sin ofrecer alternativas, me da miedo el silencio de los buenos, me da miedo que seamos tan tontos que en unas semanas votemos empeorar está sensación de impotencia y división… 

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Vivir algo así desde aquí 

Ayer pasó, algo tan temido como esperado. Hubo un atentado en Barcelona. 

Ahora todos lloramos, ahora ya todos somos un solo sentir. 

No fuimos Siria, no fuimos Pakistán, India o Nigeria, fuimos un poco París o Londres, pero definitivamente somos Barcelona… 

No voy a ser hipócrita, soy de Barcelona y por eso probablemente este atentado para mí ha sido algo más sentido. Además de que estando a 8000km de donde ha sucedido me embarga el pánico cuando me entero, casi en directo, de lo que está pasando (bendito 4G). ¿Mi familia estará bien? ¿Y mis amigos? ¿Las familias de las personas a las que quiero? ¿Las hermanas de Barcelona? 

Van pasando los minutos desde que nos enteramos y se mastica la impotencia entre los catalanes que vivimos juntos en el hotel… siguen llegando rumores y uno no sabe que creer (maldito 4G). Los cordobeses y madrileños que comparten hotel con nosotros nos miran con cariño, deseando no encontrar la mirada de alguien que recibe malas noticias… porque cada mensaje que recibimos nos confirma más muertos, heridos, incluso más ataques… se unen de corazón y de viva voz a la oración improvisada, Rosario en mano, que se monta en el jardín del hotel… cuando uno sufre siempre busca a su Madre.

Llegan vídeos desagradables y excesivamente explícitos que nos llevan a preguntarnos qué narices nos pasa como sociedad cuando en medio de semejante espectáculo alguien saca el móvil para grabar en vez de lanzarse a ayudar ni que sea dando la mano a la gente que grita desde el suelo. 

Y en medio de todo eso es fácil que de todos los corazones sobrecogidos por el hecho, por las noticias que llegan, por las imágenes… nazca la pregunta: ¿dónde está Dios esta noche en Barcelona? 

Lamentablemente en que eso pueda suceder está Dios, que con más amor del que nos merecemos, nos da una libertad que claramente no sabemos utilizar. 

Dios está llorando, como frente a la muerte de todos esos inocentes, como frente a la muerte de Lázaro. 

Dios está en la cruz perdonando a esos asesinos igual que perdonó a la Magdalena, a Pedro por negarle y al buen ladrón que compartía su suerte en el Calvario.

Dios está en todas las personas que en medio del caos, se abrían paso entre los que huían en dirección contraria… arriesgándose solo por ayudar. 

Dios está en los corazones que se han lanzado en una ola de solidaridad a donar sangre, acoger gente, repartir comida… 

Dios está en todos los que no vamos a echar un paso atrás ni vamos a renunciar a nuestro día a día por miedo, a los que no vamos a callar el amor de Dios por más ataques que nos inviten a dudar de Él… 

Recuerdo además que antes de venir a Calcuta, una de las veces que mi madre manifestó que le daba “cosilla” que me viniera aquí por la amenza… le dije “mamá si me quedo, ¿que crees? ¿Que no puede pasarme lo mismo en las ramblas yendo a ayudar a las hermanas aquí?”. 

Esta mañana he estado hablando con una de las hermanas de Mother House (realmente en estas situaciones uno es mucho más consciente de que estas mujeres sostienen el mundo… desde el primer momento han buscado a los que sabían que somos de Barcelona pidiendo información sobre la situación y nuestros seres queridos, han ofrecido la Misa por ellos, han hecho una mañana de oración especial  por lo sucedido, largo etc.) y me decía que sí, que es cierto que han aterrorizado a toda España con una serie de ataques en pocas horas que han generado una sensación de estar a su merced… pero esto solo puede despertar una actitud en los cristianos. La actitud de mirar hacia Dios y dárselo todo a Él, de vivir sin miedo confiados en algo que mucha gente puede haber experimentado hoy en Barcelona, que solamente Él nos sostiene, solamente Él es seguro y solamente Él consuela… 

Y en medio de todo esto, quizá porque estoy lejos, quizá porque en el fondo yo también soy un poco más Barcelona de lo que fuí París o Siria… quizá simplemente porque en el fondo espero despertar mañana y que todo sea una mala pesadilla… pero veo las imágenes, leo los mensajes, las noticias, escucho los audios… intento imaginar que se vivió… y solo veo, leo, oigo e imagino el grito del corazón de Jesús en la Cruz, que en medio de todo esto sigue teniendo sed de que perdonemos, amemos y llevemos a esos terroristas hasta Su Misericordia, porque hoy, como en el día que matamos a Jesús… Él sigue teniendo sed. 

La Paz comienza con una sonrisa 


Hoy me he quedado a rezar en Mother house, en la tumba de madre Teresa. 

Pasar la mañana aquí es toda una experiencia, ya que uno, desde el suelo, ve pasar por delante un desfile de personas de toda clase que merece la pena quedarse solo por verlo. 

Hoy sin embargo, algo me ha llamado especialmente la atención. Han entrado dos amigas indias. No hacía falta mirarlas mucho para descubrir que una era musulmana y la otra hindú. Han pasado un buen rato en la tumba de la Mother.  Sentadas en silencio mirándola, probablemente contándole todo lo que llevan en el corazón.

Este tipo de cosas, que aquí suceden tan continuamente, no dejan de sorprenderme. 

Madre Teresa consigue estas cosas, este ha sido su legado… 

Estamos en un momento histórico en que con sus más y sus menos, el catolicismo no tiene buena fama y tampoco muchos seguidores (y ojo, que en muchas ocasiones se lo ha ganado). 

Sin embargo madre Teresa sigue congregando aquí más de 200 voluntarios de todo el mundo cada verano… y me sigue sorprendiendo. 

Sigue consiguiendo que cada mañana por su tumba pasen personas de todas las religiones a rezar con ella… 

¿Cuántas personas, que no sean católicas, conocéis que dediquen parte de su tiempo a rezar con una monja católica? Exacto, ninguna… sin embargo ella lo consiguió y lo sigue consiguiendo. 

En calcuta, madre Teresa es punto de encuentro, su tumba es algo así como el centro ecuménico no oficial del mundo… y me fascina. 

Con todos los conflictos y discusiones absurdas en las que vivimos inmersos… cuánto cambiarían nuestras circunstancias si, como ella, nos relacionásemos con todo el mundo empezando con una sonrisa. 

Que bien se está aquí 


Hoy el Evangelio nos remite a la Transfiguración. Ese momento en el que Jesús con tres de los apóstoles (Juan, Pedro y Santiago), sube al monte Tabor y allí se muestra tal como es, hijo de Dios, les enseña la Gloria De Dios, y ellos se quedan llenos de paz, como extasiados… 

Y es en ese momento cuando Pedro, con el que muchas veces, por cazurro y cabezota, me identifico, le dice a Jesús aquello de “que bien se está aquí” y le propone montar unas tiendas para quedarse allí arriba la mar de agustito, en vez de tener que bajar del Tabor a sus quehaceres de cada día… con sus luchas y tal… 

Pero ese no es el plan de Jesús… seguro que Él también estaba allí más cómodo que nadie, pero le hace ver a Pedro que Él no ha venido para eso, que no lo ha llamado para eso… no le ha llamado para que se quede en el Tabor comodito, en su zona de confort… no. Jesús invita a Pedro a bajar a su día a día otra vez, a guardar esa sensación y esa paz en el corazón para poder decir en su trabajo, a su familia, que el Señor es quien regala la paz y la alegría. 

Calcuta es mi Tabor, y yo soy una comodona igual que Pedro. Yo aquí montaría mis tiendas y me quedaría con esta paz, esta alegría, cerquita de Dios. 

Sin embargo eso no es lo que Él tiene previsto ahora mismo… y pese a que a mi me den ganas de llorar cuando pienso que solo me quedan aquí 22 días… Jesús hoy me recuerda que pese a mi cabezoneria y mi aburguesamiento, esta experiencia está en mi corazón, que la transfiguración que vivo aquí cada verano puedo guardarla e ir recuperándola cada vez que necesite un abrazo de Calcuta, un recordatorio de mi Tabor.