Granitos de arena 


El año pasado, por primera vez, me animé a “pedir”. Pedí que, en la medida de las posibilidades, quien quisiera me diese dinero o medicinas para llevar a Calcuta, y me sorprendió muy gratamente la respuesta general, puesto que pude mandar una caja llena de guantes, ropa, suero y otros medicamentos, llevarles gasas, vendas, antibióticos, y una generosa aportación… además de comprar golosinas y otros caprichos para los enfermos de las casas. 

Este año la generosidad me ha sorprendido todavía más… ya que muchas cosas me han llegado sin pedirlas, y a raíz de eso me he animado una vez más a pedir ayuda a mis amigos y conocidos, que están dando, de nuevo, una respuesta magnífica 💙
Llevo mascarillas (gracias a una familia del cole que descubrió que en verano suelo ir a Calcuta), llevo medicamentos, dinero… y lo que está por llegar en el mes que queda antes de irnos… y solo puedo dar gracias a todos los que estáis poniendo vuestro granito de arena. 

La Madre Teresa decía que si al mar le faltase una gota sería menos mar… así que entre todos hacéis un océano 💦💦💦🌊 

En Calcuta no hay nada extraordinario

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Se nota que se está acercando el verano. Huele a vacaciones y la gente que todavía no tiene plan empieza a moverse.

Estos días whatsapp debe parecer más una agencia de viajes que una red social. Preguntamos a nuestros amigos dónde pasarán las vacaciones, les explicamos qué planes tenemos nosotros, retomamos contacto con quiénes sabemos que volveremos a encontrar, nos volvemos melancólicos recordando aquellos “amigos para siempre” que hicimos en nuestro último viaje y no llegaron más allá de octubre… y todo está impregnado de la ilusión de preparar un nuevo viaje, de la emoción ante lo que nos espera y de la cuenta atrás de días en el despacho.

Estos días vuelve a empezar la cantinela de “admiro mucho lo que haces”, “yo no podría”, “realmente las personas que hacéis este tipo de voluntariado estáis hechos de otra pasta”. No, basta. Desde aquí hago un llamamiento al raciocinio de todos mis amigos y conocidos: Si alguno tiene pensamiento de decirme cualquiera de esas frases o similares, que no lo haga. Sencillamente porque no es cierto.

Las personas que elegimos (porque os recuerdo que es una elección de la libertad de cada uno) dedicar parte de nuestro tiempo libre a viajar a países en los que la miseria es visible (hay otros muchos que son todavía más pobres pero que prefieren hacerse pasar por “primer mundo” en detrimento de quienes sufren), no somos héroes, no somos especiales, no tenemos más estómago que el resto…

De hecho, los que me conocen, me habrán oído decir en más de una ocasión que ir a Calcuta es una de las cosas más “para mí” (en cierto modo, más egoístas) que hago durante el año. Me olvido de mis problemas, desconecto del trabajo, del día a día de las familias del cole, e incluso muchas veces desconecto de los problemas que pueda tener en casa con mis amigos y mi familia. Unos hacen esta desconexión de fiesta en Ibiza, otros en la playa de la Costa Brava y algunos la hacemos en Calcuta con las Sisters.

Pero lo más importante, es que muchas de las personas que tienen esa concepción “modélica” o “heroica” de los voluntarios, creo que en gran parte se debe a que tienen “mitificada” (en negativo) la situación de los pobres en Calcuta.

Calcuta es una ciudad pobre, estamos de acuerdo en este punto, pero la pobreza es pobreza en todas partes… huérfanos que necesitan abrazos los hay en Barcelona, Calcuta, Ibiza, NY o Mozambique; gente que muere sola sin nadie a su lado que le pueda dar la mano o haga una oración por su alma la hay en Madrid, Munich, Buenos Aires y Florida; personas en las calles que mendigan una mirada, una sonrisa, un plato de arroz o alguien que charle con ellos… los encontraréis en Calcuta sí, pero también en la puerta de todas las parroquias de Barcelona, Murcia, Marbella… en cualquier calle de cualquier ciudad… por eso os digo, con el corazón en la mano, que Calcuta no tiene nada  de extraordinario… ir a Calcuta no nos convierte en personas fuertes. Al menos, no más fuertes que todos los que día a día se dedican a esto aquí, de todas las personas que se preocupan por esto aquí o que las personas que sufren estas situaciones de pobreza y soledad aquí.

No es cuestión de dedicar nuestro tiempo de vacaciones a ayudar allí o en nuestra ciudad, ni muchísimo menos de pensar que nuestra presencia allí va a cambiar la situación de pobreza y miseria que existe en una ciudad con tantos millones de personas… se trata de que yo, al igual que muchos otros (sin ninguna condición especial, ni humana, ni formativa, ni laboral, ni con un corazón más grande ni más generoso que el de nadie), creo que (por nuestro egoísmo) necesitamos que nos abran los ojos, que nos recuerden que lo importante es ser amados y sobre todo amar, que nos recuerden que lo demás es efímero y que no llena… y eso yo no lo encuentro en el yoga, ni en la fiesta, ni en la playa, ni abrazando árboles para sentir la naturaleza. Eso yo lo encuentro en Jesús, y de entre todos los sitios del mundo donde Jesús se disfraza en el sufrimiento de los pobres (eso lo decía la Madre Teresa), elijo vivirlo en Calcuta.