Testimonio en Girona

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Ayer, 1 de noviembre, pasé el día en Girona con dos amigas, porque por la tarde, me habían pedido que hablase de Madre Teresa y de Calcuta.

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Preparando el PowerPoint lloré mucho… volver a ver todas las fotos, releer todas mis notas, recordar anécdotas y personas… anécdotas como la de mi último día en Kalighat este verano, o las vivencias en los trenes indios llenos de cucarachas… personas como Montse (veterana en Prem Dan y amor en estado puro) o Rafa (veteranísimo en Kalighat, un “yayo” en Calcuta al que no tienes más opción que querer con locura), Andrea, Edu, Rocío, Gabi, Pinkie, Vashanti, Lali… no se acaban los nombres.

La verdad es que pese a que es cierto que lo paso mal echando de menos Calcuta, y nada me haría más feliz que tener una máquina de teletransporte para para pasar un rato allí cada día poder volver, es una nostalgia muy agradecida.
Siempre lo digo y cada vez lo veo más claro… Calcuta ensancha el alma y el corazón, tienes que meter tanta gente dentro…

Porque es verdad, lloro; es verdad, lo echo de menos; es verdad, me duele no poder estar allí… pero a la vez agradezco muchísimo tener todos estos recuerdos, agradezco muchísimo haber conocido a todas esas personas, y agradezco muchísimo que después de 4 años, la vivencia siga siendo tan intensa y tan bonita… que sigo teniendo la misma ilusión cuando miro vuelos que el 14 de febrero de 2013 cuando compré mi primer vuelo a India.

Volviendo al tema… está claro, me invitaron a hablar durante más de una hora sobre Calcuta, sobre Madre Teresa… y ¿a quién no le gusta que le den público para hablar de su tema favorito? Disfruté como una enana… y además tuve el regalo de poder compartirlo con personas muy especiales.
No solamente las amigas que me habían acompañado, sino algunos de los amigos que conocí este verano en la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) en Polonia y eso fue también un regalo…

Del día de ayer, como de todo lo relacionado con Calcuta, solamente se me viene a la cabeza la palabra GRACIAS.

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¿que os parece el detalle de pixelar al bebé? jajajaj

Domund. Día de las misiones

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Ayer, domingo 23 de octubre, fue el día del DOMUND, día que la Iglesia Católica dedica a las misiones y a recaudar dinero para las misiones.

Dice la RAE, que “Misionero/a” es:

1. adj. Perteneciente o relativo a la misión que tiene por objeto predicar el evangelio.

2. m. y f. Persona que predica el evangelio en las misiones.

3. m. y f. Religioso que en tierra de infieles enseña y predica la religión cristiana.

Queridos y queridas miembros y miembras de la Real Academia, lo siento pero desde que han aceptado palabras como “asín“, “murciégalo“, “muslamen” o “almóndiga” (sí, lo siento, están todas aceptadas) ustedes no dan una…

Un Misionero, una misionera, es una persona que entrega su vida por los demás. Es una persona que se olvida de sí misma por llevar a Jesús a los más pobres de los pobres (y por llevar a los más pobres de los pobres a Jesús). Es una persona que se desprende con dolor de sus afectos y amores humanos por sanar con afecto y amor los dolores de quienes necesitan alegría y consuelo.
Un misionero es aquel que dedica su tiempo (algunos solo parcialmente, pero “el mar sin esa gota sería menos mar”), su esfuerzo (muchas veces incluso  la salud), y, en definitiva, su vida, por ser el rostro de Cristo en medio de todos aquellos que no tienen voz ni nombre en nuestra realidad: los pobres, los marginados, los enfermos…

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sí, es ella, ya estaba tardando en salir

Un misionero no solamente es una persona que “enseña y predica la religión cristiana” a “los infieles” (OMG! Really? O.O). Un misionero/a (tomen nota señoras y señores de la RAE) es una “persona que entrega su vida para enseñar y contagiar la alegría del Evangelio a todos aquellos que todavía no conocen el amor de Dios“.

Y a tod@s ell@s, les doy las GRACIAS. Porque todos necesitamos misioneros que nos recuerden porqué vivimos, y sobre todo para quién.

Los días de lluvia

 

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Claramente no es nuestra mejor foto, pero me encanta 

Será que tengo asociada los diluvios con Calcuta, será que hoy es jueves, o será que los días grises el ánimo también se nubla un poco… Pero hoy lo echo todo un poco más de menos, quizá la lluvia solamente me da la excusa para poder acordarme una vez más de la ciudad de la alegría.

Agosto es época de monzón en India, eso significa que mientras estoy allí, la mayoría de los días son parecidos a hoy aquí… y que la lluvia, inevitablemente, trae recuerdos de otros días de lluvia.

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Me acordaba ahora (porque se me ha roto el paraguas…) del día del “volunteer’s program”, cuando salimos todos los voluntarios desde Mother House hasta Bishop’s place.

Justo en el momento de salir empezó a caer el gran diluvio (para quienes nunca habéis vivido un monzón, creedme, la tormenta de hoy en Barcelona es un juego de niños), llegamos todos a casa del obispo como salidos de la piscina… como pudimos nos vestimos con ropa prestada… todas las sillas, ventanas, puertas y barandas se convirtieron en tendederos improvisados… probablemente más de un móvil murió por el camino… sin embargo no había malas caras, no había malos rollos, nos lo tomamos a risa.

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Sin embargo esta mañana, al ver que llovía, me ha salido refunfuñar, porque pese a la lluvia hay que conducir, porque no puedo quedarme en casa si llueve, porque me da pereza todo cuando llueve…
Echar de menos Calcuta a veces es un recordatorio de lo que allí se aprende.

Hoy es día de recordar que “sarna con gusto no pica”.
Porque si allí con un gran diluvio, uno es capaz de caminar 20 minutos, llegar hecho una sopa, ponerse ropa prestada y hacer una obra de teatro, cantar durante la adoración, cenar noodles fríos, y tener uno de los mejores días del mundo…  o subirse a un bus empapado, caminar con agua (marrón, con cosas que te tocan por debajo) por encima del tobillo, lavar ropa a mano y tenderla (hay cosas de Calcuta que no uno puede explicar y pese a todo las hace… una de ellas es tender con lluvia)… aquí, trabajar un día de lluvia o caminar 100 metros sin paraguas, o con un paraguas roto… no es un drama.

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Como dato: Mi paraguas se ha roto mientras iba de casa al coche… me he acordado entonces del paraguas gigante de colores que compré en Calcuta, pero que era tan grande que no me cabía en la maleta al volver… lo dejé allí, lo “heredó” Ramón.
Le he escrito a Ramón diciéndole que echaba de menos mi paraguas gigante, y me ha dicho que está dando servicio a las Sisters y a las señoras de PremDan, “que por lo visto ¡están encantadas con él!” (cito literalmente).
Visto así… me alegro de haberme mojado hoy por no tener aquí mi paraguas de colores… 🙂

Expropiando parcelas de cielo

Dentro de 63 días me marcho a Calcuta.

Éste año, he querido hacer partícipes a mis amigos de un modo especial en el viaje, pidiéndoles que, libremente, pudieran ser rostro de la providencia de la que viven las Sisters. He mandado una lista de cosas que ellas necesitan para que quien quiera me de material o dinero para comprarlo (algunas cosas se compran allí).

Os paso lista por si os interesa:

Buenos días! Como todos sabéis este verano vuelvo a ir a Calcuta en misión con las hermanas de madre Teresa. Al haber estado allí otros años he podido ver la cantidad de necesidades que atienden y ellas nunca piden nada a nadie. La providencia se vale para abastecerlas de medicamentos y material sanitario… este año he pensado que podemos formar parte del rostro de esa providencia. Quien quiera (libremente y en privado pq así no ve nuestra mano derecha lo que hace la izquierda), puede darme dinero para que compre medicamentos y demás, o comprar algo de esta lista y dármelo durante el mes de junio, no dejéis de perseguirme para dármelo. Muchas gracias! (Volveré a mandar este mensaje por si alguien quiere ayudar y se olvida)
– analgésicos en crema
gasas estériles (ya tengo)
– vendas
– tiritas para medir la glucosa (ellas utilizan la marca “freestyle optium” de la casa abbot, pero supongo que cualquier marca que tenga tamaño standar va bien)
– crema “ichtammol 20%” con 200 mg de solfoictiolato de amonio
guantes sanitarios que no sean de látex (talla m) (ya tengo)
jeringas (las compraré allí)
agujas tamaño 0.56x25mm
– agujas tamaño 0.9x40mm
– agujas tamaño 0.7x30mn
-pomada antinflamatoria
Muchas gracias!

La respuesta está siendo generosa, tanto en material como en medios económicos para comprarlo allí, y eso solo me lleva a pensar que, amigos míos, con vuestra generosidad estáis expropiando parcelitas de Cielo a Dios. Muchas gracias por adelantado, de parte de las hermanas.

Por si alguien quiere colaborar en esto, me escribe un mail a: sheilasantiagoc@gmail.com y concretamos en qué modo me puede hacer llegar lo que quiera.

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Yo xD 

 

107 días

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Ahora sí, ahora sí que sí. ¡Me voy a Calcuta!

Tengo el visado, reservé el hotel, tengo el vuelo y ¡me muero de ganas!

El 4 de agosto, después de la JMJ de Polonia, me voy a casa, vuelvo a Calcuta.

Cuando dije que este verano no iría, que necesitaba descansar, no mentía, de verdad planeaba quedarme por aquí y hacer cosas un poco distintas, pero el corazón pudo más, y aquí estoy, contando días…

No quepo en mi de felicidad y agradecimiento por poder volver a la Ciudad de la Alegría, a la ciudad que me llena el corazón y me carga las pilas para el resto del año.

Sin palabras y feliz

El corazón ya está preparado

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Reconozco la sensación…

Una emoción que hace temblar el corazón mientras miras vuelos, mientras te aseguras de que todos los documentos necesarios para el visado están en orden, mientras piensas en los rostros que serán tu familia durante esas semanas…

La sensación es parecida a las mariposas en el estómago que uno tiene cuando se enamora…

Y la semana que viene, cuando haya enviado los papeles del visado, volveré a esos nervios emocionados por pensar si llegará o no llegará, si todo estará correcto…

Y a partir de entonces, esa sensación de impaciencia emocionada, propia del que sabe que pronto vuelve a casa, la cuenta atrás… si Dios quiere, 118 días desde hoy. Los días que pasan despacio pensando en ir a encontrarme con Calcuta… otra vez.

Volver… a encontrarnos

Anoche fui a cenar con Mar y Ana, dos de las chicas con las que viajé en 2013, mi primer viaje a Calcuta.

No era la primera vez que nos reencontrábamos después de Calcuta, evidentemente, pero diría que ayer fue la primera vez en que recordamos tantas cosas y anécdotas de lo que habíamos vivido allí durante ese mes.

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De izquierda a derecha, María (vestida de amarillo, ayer no pudo venir), servidora (de naranja y mirando a no se dónde), Mar (de azul y confirmando que claramente nos estaban haciendo la misma foto desde otro ángulo), y Ana (de granate, también sin enterarse de dónde estaba la cámara) 

De la noche de ayer me quedo con algunas cosillas, una de ellas es que une. Cuando fuimos en 2013, todas teníamos un nexo común, conocíamos a María, pero no nos conocíamos entre nosotras, y volvimos de allí siendo amigas.
Además, Calcuta hace olvidar “lo malo”, me explicaré, ayer mientras cenábamos, probablemente medio restaurante pensó que eramos 3 locas… llorábamos de risa recordando justamente las anécdotas “malas”, los enfados, las cosillas asquerosas que a veces pasan en Calcuta… y nos reíamos. Si eso mismo nos sucediera en Barcelona nos tendrían que ingresar con un ataque de nervios.

Otra cosa que pude ver anoche es lo mucho que echo de menos Calcuta, a los voluntarios, a las Sisters, las noches en el Spanish Café de Raj, el ruido, los colores, los olores…

Calcuta es, a la vez, causa y cura de una nostalgia que desborda en alma y el corazón. La gratitud que nace de haber pasado por allí y compartido la historia que se teje cada mañana, se contrapone con el vacío que queda cuando pones un pie en el avión de vuelta, y uno se queda como cuando incuba la gripe, en ese punto intermedio entre estar bien y estar mal.

Se que volveré a Calcuta, pero no se cuando, y como dijimos ayer… chicas, espero que algún día volvamos juntas 🙂

Señor, enséñame a vivir aquí

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A raíz de lo sucedido en Yemen hace unos días, las redes sociales se han llenado de Sisters, de testimonios de Calcuta, de fotos… Además yo sigo muchas páginas relacionadas con esto, y mi Facebook se ha convertido, literalmente, en una marea blanca y azul.

Eso es un arma de doble filo. Me encanta… me encanta que se me haga presente, sentirme acompañada por cientos de personas a las que no conozco pero que sienten lo mismo que yo, que hemos pisado las misas calles y abrazado la misma misericordia en Kalighat, en Prem Dan, en Mother House, en la tumba de Madre Teresa, de camino a Bose Road… pero también es doloroso, porque Calcuta tiene ese componente que te “atrapa”, que te deja huella, una de esas cicatrices que de vez en cuando, si sopla el viento, duelen.

Cuando uno vuelve de Calcuta, nunca vuelve entero, y una de las consecuencias son las lágrimas. No es que uno llore por Calcuta, sino que el recuerdo hace que caigan lágrimas. No es un llanto consciente ni controlable, solamente son lágrimas que el corazón usa para regar la nostalgia y evitar que se seque, evitar que se muera.

Si alguien que ha estado allí lee esto, y se ha sentido así a la vuelta, ha escrito alguna vez algo parecido, se ha sentido roto y ha entendido que Calcuta es el pegamento que mantiene unidas las piezas… solo puedo darle las gracias. Gracias por entenderme, por haber compartido esa ciudad tan especial, gracias por confirmar con esa lágrima errante que esto que siento es real.

Hoy me siento especialmente nostálgica, y me descubro sonriendo y secándome esas lágrimas a las que nadie ha llamado pero han venido.

Os dejo aquí un testimonio precioso que he leído esta tarde.

http://www.oleadajoven.org.ar/index.php/Articulos/12356/cada-voluntario-es-una-gota-en-el-oc-ano-de-la-humanidad

Y os dejo una foto que me arranca una sonrisa, el primer desayuno indio con mis imprudentes pollos… las quiero más… 🙂

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A SS.MM los Reyes Magos

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Quisiera llamar la atención sobre el hecho de que solamente el rey de apariencia india está sonriendo. Fin del comentario sobre la foto.

Queridos Reyes Magos:

Este año no me he portado mejor que el año anterior. No se si es porque no lo he intentado o porque cada uno es como es… y yo soy así.

Quiero, primero de todo, daros las gracias por todo lo que me regalasteis el año pasado. Y agradeceros, por adelantado, lo que podáis traerme de lo que os pido para esta Navidad.

Veréis, este año os pido “cosas”… quizá un poco complicadas, pero con un poco de buena voluntad y de la mano de la providencia, no dudo que todo es posible.

Os quiero pedir un corazón hecho a la medida de Calcuta, de los voluntarios, de las Sisters, de los enfermos…
Mejor que me explique:

Quiero un corazón capaz de conmoverse delante de cada pequeña cosa que sucede.

Quiero un corazón capaz de amar el sufrimiento, el dolor, la fragilidad y la pobreza. Especialmente las propias.

Quiero un corazón capaz de pasar por alto mis “necesidades”, que se mueva solamente por aquello que le hace sentirse lleno, y que mire a su alrededor siendo capaz de descubrir las verdaderas necesidades que se generan entre los que viven cerca.

Quiero un corazón que no ignore a los demás, que les reconozca como hermanos, que pueda amar a quienes normalmente no amo.

Quiero un corazón capaz de perdonar y de mirar con ternura a quienes, sin querer, me hieren. Quiero que sea capaz de perdonar y mirar con ternura especialmente a quienes me hieren queriendo.

Quiero un corazón humilde, que se reconozca hecho para servir y no lata por nada más que por los demás.

Quiero una mirada nueva, capaz de mirar a mis miedos e inseguridades a los ojos, y no despreciarlas.

Quiero una mirada inquieta, que siempre esté buscando a mi alrededor alguien que necesite una mano a la que agarrarse, para poder tenderle la mía.

Quiero una mirada inteligente, capaz de identificar las necesidades ajenas y saber qué hacer en cada caso.

Quiero una memoria despistada, que no recuerde heridas ni ofensas, que no recuerde las “buenas obras” que hago, así podré mantener limpio el corazón humilde que me habéis traído.

Quiero unas manos ágiles y siempre dispuestas a abrazar, acariciar o recoger a los demás.

Quiero unas manos generosas, que no tiemblen por sentirse desnudas, ni tengan miedo de quedar vacías.

Quiero poder estar siempre donde, sin palabras, se me pide estar. Quiero poder dar siempre lo mejor de mí, no guardar ninguno de los dones que se me regalan cada día.

Quiero que cuando visitéis al pequeño Jesús, que os espera en Belén, le llevéis mis 366 “síes” para el año que viene, no os dejéis ninguno, recordad que 2016 es bisiesto.

Decidle que me gustaría poderle ser más fiel, que me gustaría no tener miedo, darle todo lo que me pide, pero explicadle como somos las personas. Él lo comprenderá, pero ahora es un bebé y todavía no conoce nuestra condición. Decidle que no lo hago con mala intención, soy un poco cobarde y me apego a seguridades poco sólidas.

Decidle que no deje de pasarse por mi corazón (Él puede dejar allí todo eso que os he pedido). No es el más bonito, pero le está esperando con ganas desde hace un tiempo. Además necesita unos arreglitos y Él es carpintero… seguro que puede ayudarme.

A María, su madre, dadle un fuerte abrazo y pedidle que recuerde lo que le pedí en Medjugorje, que se pase por casa y me ayude a decorarla un poco con su toque personal. Seguro que mi familia quedará muy feliz de haberla conocido.

Bueno, como veis, queridos Reyes Magos, pido muchas cosas, soy así de egoísta… pero si todo eso no es posible traerlo hasta aquí, solamente os pido dos cosas. La primera que de camino a Belén, consoléis a todos los que sufren por la situación de persecución y soledad en la viven por esos países, decidles que no están solos, que no pierdan la fe. Contadles dónde vais, seguro que más de uno os sigue de mil amores, y otros os guiaran, porque algunos de ellos hace tiempo que están ya con Jesús en la casa de su Padre, la situación por allá está complicada.
Y la segunda, que cuando os pongáis de rodillas delante de Jesús penséis un momentito en mí. Eso será suficiente.

Recibid un cordial saludo y un abrazo

Sheila

 

La sorpresa de lo que para uno era cotidiano…

 

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Oración que cada mañana a las 8:30 se canta en Kalighat antes de empezar el trabajo. Gracias Carlos por enviármela 🙂

Ayer, empezó el año de la Misericordia. ¿Eso qué é’lo que é?, que diría un amigo mío andaluz. Pues lo que pone en ese cartel, llevado a nuestro día a día, nada más y nada menos. Sin elevaciones, sin palabras complejas, sin complicaciones ni sermones de abuelas pías o de curas peleones.

Pero bueno, no escribía para explicar eso… Ayer, en un pequeño achaque de melancolía, me puse una pequeña grabación que hice “de tapadillo”, de lo que cantaban-rezaban las hermanas cada mañana en Kalighat antes de empezar el trabajo.

Me sorprendió algo que ni en Calcuta, ni las veces que lo había escuchado aquí recién llegada, había oído. Al volver a escucharlo ayer, después de un par de meses… me di cuenta de que prácticamente ¡no se oía nada más que ruido! pitidos, gritos, bicicletas, animales… ¡aluciné!
Siempre  me ha sorprendido la capacidad que tiene el cerebro para seleccionar aquello que a uno le hace bien, para conservar de las vivencias pasadas solamente aquello positivo, de ir olvidando aquello que emborrona las experiencias llenas de belleza.

Sin embargo, y en contra de lo que pudiera parecer lógico, escuchar todo ese escándalo externo, no me hizo sentir agobiada ni pensar “uff, que horror”, al revés, me sorprendí a mi misma con los ojos llenos de lágrimas… el corazón es todo un misterio.

Aquí que me molesta cualquier ruidito, que si llueve o sopla el viento, cuesta más dormir, que si un perro en la calle ladra me molesta mientras leo, si el hijo de la vecina llora siempre alguien en casa se queja del bebé molesto… y una vez más, descubro que en esa precariedad y esa miseria que envuelve a Calcuta, hasta con el ruido uno es mas misericordioso…