A SS.MM los Reyes Magos

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Quisiera llamar la atención sobre el hecho de que solamente el rey de apariencia india está sonriendo. Fin del comentario sobre la foto.

Queridos Reyes Magos:

Este año no me he portado mejor que el año anterior. No se si es porque no lo he intentado o porque cada uno es como es… y yo soy así.

Quiero, primero de todo, daros las gracias por todo lo que me regalasteis el año pasado. Y agradeceros, por adelantado, lo que podáis traerme de lo que os pido para esta Navidad.

Veréis, este año os pido “cosas”… quizá un poco complicadas, pero con un poco de buena voluntad y de la mano de la providencia, no dudo que todo es posible.

Os quiero pedir un corazón hecho a la medida de Calcuta, de los voluntarios, de las Sisters, de los enfermos…
Mejor que me explique:

Quiero un corazón capaz de conmoverse delante de cada pequeña cosa que sucede.

Quiero un corazón capaz de amar el sufrimiento, el dolor, la fragilidad y la pobreza. Especialmente las propias.

Quiero un corazón capaz de pasar por alto mis “necesidades”, que se mueva solamente por aquello que le hace sentirse lleno, y que mire a su alrededor siendo capaz de descubrir las verdaderas necesidades que se generan entre los que viven cerca.

Quiero un corazón que no ignore a los demás, que les reconozca como hermanos, que pueda amar a quienes normalmente no amo.

Quiero un corazón capaz de perdonar y de mirar con ternura a quienes, sin querer, me hieren. Quiero que sea capaz de perdonar y mirar con ternura especialmente a quienes me hieren queriendo.

Quiero un corazón humilde, que se reconozca hecho para servir y no lata por nada más que por los demás.

Quiero una mirada nueva, capaz de mirar a mis miedos e inseguridades a los ojos, y no despreciarlas.

Quiero una mirada inquieta, que siempre esté buscando a mi alrededor alguien que necesite una mano a la que agarrarse, para poder tenderle la mía.

Quiero una mirada inteligente, capaz de identificar las necesidades ajenas y saber qué hacer en cada caso.

Quiero una memoria despistada, que no recuerde heridas ni ofensas, que no recuerde las “buenas obras” que hago, así podré mantener limpio el corazón humilde que me habéis traído.

Quiero unas manos ágiles y siempre dispuestas a abrazar, acariciar o recoger a los demás.

Quiero unas manos generosas, que no tiemblen por sentirse desnudas, ni tengan miedo de quedar vacías.

Quiero poder estar siempre donde, sin palabras, se me pide estar. Quiero poder dar siempre lo mejor de mí, no guardar ninguno de los dones que se me regalan cada día.

Quiero que cuando visitéis al pequeño Jesús, que os espera en Belén, le llevéis mis 366 “síes” para el año que viene, no os dejéis ninguno, recordad que 2016 es bisiesto.

Decidle que me gustaría poderle ser más fiel, que me gustaría no tener miedo, darle todo lo que me pide, pero explicadle como somos las personas. Él lo comprenderá, pero ahora es un bebé y todavía no conoce nuestra condición. Decidle que no lo hago con mala intención, soy un poco cobarde y me apego a seguridades poco sólidas.

Decidle que no deje de pasarse por mi corazón (Él puede dejar allí todo eso que os he pedido). No es el más bonito, pero le está esperando con ganas desde hace un tiempo. Además necesita unos arreglitos y Él es carpintero… seguro que puede ayudarme.

A María, su madre, dadle un fuerte abrazo y pedidle que recuerde lo que le pedí en Medjugorje, que se pase por casa y me ayude a decorarla un poco con su toque personal. Seguro que mi familia quedará muy feliz de haberla conocido.

Bueno, como veis, queridos Reyes Magos, pido muchas cosas, soy así de egoísta… pero si todo eso no es posible traerlo hasta aquí, solamente os pido dos cosas. La primera que de camino a Belén, consoléis a todos los que sufren por la situación de persecución y soledad en la viven por esos países, decidles que no están solos, que no pierdan la fe. Contadles dónde vais, seguro que más de uno os sigue de mil amores, y otros os guiaran, porque algunos de ellos hace tiempo que están ya con Jesús en la casa de su Padre, la situación por allá está complicada.
Y la segunda, que cuando os pongáis de rodillas delante de Jesús penséis un momentito en mí. Eso será suficiente.

Recibid un cordial saludo y un abrazo

Sheila

 

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Preparando el corazón

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Ha empezado el adviento.

Adviento es un tiempo de preparación, un tiempo en el que uno, cuando ha terminado de hacer el cambio de armarios para cuando llegue el frío, comienza el cambio de corazón para cuando llega Jesús.

Desde mi primer viaje, mi adviento siempre comienza igual… se me despierta la pregunta sobre si en la sociedad en la que vivimos, inmersos en la vorágine consumista, la Navidad sigue teniendo sentido.

Leía estos días, que la alcaldesa de Barcelona, se planteaba “cancelar” la Navidad, y sustituirla por la celebración del solsticio de invierno. Francamente, me parece un planteamiento lícito.
No vivimos en una sociedad para la que la Navidad signifique algo.

Y de todo esto, nace la segunda inquietud que se me viene planteando estos últimos años. ¿Me voy a Calcuta a pasar la Navidad?

Pienso… pienso y pienso una vez más. Pienso en lo que yo vivo y encuentro en Calcuta… esa vida sencilla, sin ningún lujo, sin comodidades, tan cercana a la realidad, en la que uno vive de lo que cada instante le regala, porque no tiene nada más. Por no tener, uno no tiene ni necesidades… y pienso en Jesús, en Dios hecho hombre, pero no un hombre poderoso, ni ambicioso, ni siquiera adinerado. Jesús no nació siendo NY, Jesús nació siendo Calcuta. Un niño pequeño, que dependía totalmente de las personas con las que compartía el día, que le gustaba relacionarse con cada cosa que sucedía y vivirla hasta el fondo, un niño que nace pobre, indefenso, en un pesebre, marginado, rodeado de pobreza, precariedad… y amor. Porque Jesús no tenía más que el amor de sus padres, y de aquellos pastores torpones y desubicados, que sin saber por que motivo… amaban a ese niño, que sin tener ninguna particularidad concreta, era excepcional.

Y, pensando esto… mi corazón brinca y rebrinca pensando en lo maravilloso que sería ir a ese sitio que para mi, es el humilde portal de Belén, y pasar la Navidad allí, con los que están marginados, rodeados de pobreza, en precariedad… y sueño que el día de Navidad me levanto para ir a Motherhouse a encontrarme con el resto de voluntarios, con Sister Mercy, Sister Catherine… que vamos a Kalighat, a Prem Dan, a Daya Dan, y allí está ese Jesús pobre, herido, marginado… que nos espera con los ojos llenos de amor porque un día más, hemos vuelto y nos reconoce, y sabe que le reconocemos.

Y es entonces cuando entiendo que las Hermanas, puedan pasar 10 años fuera de su casa, 10 años sin abrazar amigos y familiares. Es entonces cuando entiendo que los problemas a los que uno se enfrenta cada día en el trabajo, en las relaciones con los demás, no son tan relevantes como nuestro ego quiere hacernos creer. Es entonces cuando entiendo por que quiero volver una y otra vez a la ciudad del caos, y es entonces cuando entiendo que a todo ese dolor, sufrimiento, pobreza, suciedad… se le llame la Ciudad de la Alegría.

Y es cuando entiendo todo eso, que tengo que susurrarle al corazón que esté tranquilo, que su portal de Belén este año está en Barcelona, es entonces cuando tomo conciencia de que tendré que vaciar más, pero que Jesús tiene espacio para nacer aquí también, que no solamente cabe a 8000 km de aquí. Y como viene pasando estos últimos años, miraré el cartel que colgué en el corazón la primera vez que esté deseo lanzó un chispazo delatando su existencia, intentando creerme que lo que pone allí

 

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