Testimonio en el Catllar

2016-11-18-photo-00000048

Hace un par de semanas (pero no me ha dado la vida para ponerme a escribir antes), estuve en el Catllar, cerca de Tarragona, con un grupo de jóvenes la mar de majo.

Me habían invitado a raíz de que en Polonia conocí a su catequista y a alguno de los jóvenes del grupo, y me pidieron que compartiese con ellos un poco de Calcuta.

A veces uno piensa que a base de hablar siempre de lo mismo, lo aborrecerá, se repetirá, contará las mismas anécdotas una y otra vez… pero no.
Cada vez que comparto mi experiencia sobre Calcuta descubro que recuerdo cosas nuevas, añoro personas y sensaciones que me vienen a la mente y que podía tener olvidadas, vuelvo a emocionarme pensando en los mismos rostros…

2016-11-22-photo-00000060

No deja de sorprenderme además, que pese a la parte tan grande de subjetividad que tiene dar un testimonio de una experiencia así… de que a fin de cuentas no puedo hacer sentir al otro todo lo que yo he sentido, simplemente explicárselo, los chavales no dejan de hacer preguntas.

Realmente me doy cuenta de lo bien hecho que está el corazón de cada uno, porque todos tenemos las mismas preguntas y las mismas inquietudes… supongo que por eso siempre hay gente nueva en Calcuta, y supongo que por eso repetimos los veteranos, porque la experiencia de Calcuta es una respuesta que no te sacia, siempre te genera más preguntas.

Anuncios

Testimonio en Girona

whatsapp-image-2016-11-02-at-08-46-47

Ayer, 1 de noviembre, pasé el día en Girona con dos amigas, porque por la tarde, me habían pedido que hablase de Madre Teresa y de Calcuta.

whatsapp-image-2016-11-02-at-08-46-46

Preparando el PowerPoint lloré mucho… volver a ver todas las fotos, releer todas mis notas, recordar anécdotas y personas… anécdotas como la de mi último día en Kalighat este verano, o las vivencias en los trenes indios llenos de cucarachas… personas como Montse (veterana en Prem Dan y amor en estado puro) o Rafa (veteranísimo en Kalighat, un “yayo” en Calcuta al que no tienes más opción que querer con locura), Andrea, Edu, Rocío, Gabi, Pinkie, Vashanti, Lali… no se acaban los nombres.

La verdad es que pese a que es cierto que lo paso mal echando de menos Calcuta, y nada me haría más feliz que tener una máquina de teletransporte para para pasar un rato allí cada día poder volver, es una nostalgia muy agradecida.
Siempre lo digo y cada vez lo veo más claro… Calcuta ensancha el alma y el corazón, tienes que meter tanta gente dentro…

Porque es verdad, lloro; es verdad, lo echo de menos; es verdad, me duele no poder estar allí… pero a la vez agradezco muchísimo tener todos estos recuerdos, agradezco muchísimo haber conocido a todas esas personas, y agradezco muchísimo que después de 4 años, la vivencia siga siendo tan intensa y tan bonita… que sigo teniendo la misma ilusión cuando miro vuelos que el 14 de febrero de 2013 cuando compré mi primer vuelo a India.

Volviendo al tema… está claro, me invitaron a hablar durante más de una hora sobre Calcuta, sobre Madre Teresa… y ¿a quién no le gusta que le den público para hablar de su tema favorito? Disfruté como una enana… y además tuve el regalo de poder compartirlo con personas muy especiales.
No solamente las amigas que me habían acompañado, sino algunos de los amigos que conocí este verano en la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) en Polonia y eso fue también un regalo…

Del día de ayer, como de todo lo relacionado con Calcuta, solamente se me viene a la cabeza la palabra GRACIAS.

WhatsApp Image 2016-11-02 at 12.45.57.jpeg
¿que os parece el detalle de pixelar al bebé? jajajaj

Domund. Día de las misiones

P1060340

Ayer, domingo 23 de octubre, fue el día del DOMUND, día que la Iglesia Católica dedica a las misiones y a recaudar dinero para las misiones.

Dice la RAE, que “Misionero/a” es:

1. adj. Perteneciente o relativo a la misión que tiene por objeto predicar el evangelio.

2. m. y f. Persona que predica el evangelio en las misiones.

3. m. y f. Religioso que en tierra de infieles enseña y predica la religión cristiana.

Queridos y queridas miembros y miembras de la Real Academia, lo siento pero desde que han aceptado palabras como “asín“, “murciégalo“, “muslamen” o “almóndiga” (sí, lo siento, están todas aceptadas) ustedes no dan una…

Un Misionero, una misionera, es una persona que entrega su vida por los demás. Es una persona que se olvida de sí misma por llevar a Jesús a los más pobres de los pobres (y por llevar a los más pobres de los pobres a Jesús). Es una persona que se desprende con dolor de sus afectos y amores humanos por sanar con afecto y amor los dolores de quienes necesitan alegría y consuelo.
Un misionero es aquel que dedica su tiempo (algunos solo parcialmente, pero “el mar sin esa gota sería menos mar”), su esfuerzo (muchas veces incluso  la salud), y, en definitiva, su vida, por ser el rostro de Cristo en medio de todos aquellos que no tienen voz ni nombre en nuestra realidad: los pobres, los marginados, los enfermos…

14199713_10154511345433928_6137324580132637867_n
sí, es ella, ya estaba tardando en salir

Un misionero no solamente es una persona que “enseña y predica la religión cristiana” a “los infieles” (OMG! Really? O.O). Un misionero/a (tomen nota señoras y señores de la RAE) es una “persona que entrega su vida para enseñar y contagiar la alegría del Evangelio a todos aquellos que todavía no conocen el amor de Dios“.

Y a tod@s ell@s, les doy las GRACIAS. Porque todos necesitamos misioneros que nos recuerden porqué vivimos, y sobre todo para quién.

Los días de lluvia

 

img_6078
Claramente no es nuestra mejor foto, pero me encanta 

Será que tengo asociada los diluvios con Calcuta, será que hoy es jueves, o será que los días grises el ánimo también se nubla un poco… Pero hoy lo echo todo un poco más de menos, quizá la lluvia solamente me da la excusa para poder acordarme una vez más de la ciudad de la alegría.

Agosto es época de monzón en India, eso significa que mientras estoy allí, la mayoría de los días son parecidos a hoy aquí… y que la lluvia, inevitablemente, trae recuerdos de otros días de lluvia.

img_7508

Me acordaba ahora (porque se me ha roto el paraguas…) del día del “volunteer’s program”, cuando salimos todos los voluntarios desde Mother House hasta Bishop’s place.

Justo en el momento de salir empezó a caer el gran diluvio (para quienes nunca habéis vivido un monzón, creedme, la tormenta de hoy en Barcelona es un juego de niños), llegamos todos a casa del obispo como salidos de la piscina… como pudimos nos vestimos con ropa prestada… todas las sillas, ventanas, puertas y barandas se convirtieron en tendederos improvisados… probablemente más de un móvil murió por el camino… sin embargo no había malas caras, no había malos rollos, nos lo tomamos a risa.

IMG_7507.JPG

Sin embargo esta mañana, al ver que llovía, me ha salido refunfuñar, porque pese a la lluvia hay que conducir, porque no puedo quedarme en casa si llueve, porque me da pereza todo cuando llueve…
Echar de menos Calcuta a veces es un recordatorio de lo que allí se aprende.

Hoy es día de recordar que “sarna con gusto no pica”.
Porque si allí con un gran diluvio, uno es capaz de caminar 20 minutos, llegar hecho una sopa, ponerse ropa prestada y hacer una obra de teatro, cantar durante la adoración, cenar noodles fríos, y tener uno de los mejores días del mundo…  o subirse a un bus empapado, caminar con agua (marrón, con cosas que te tocan por debajo) por encima del tobillo, lavar ropa a mano y tenderla (hay cosas de Calcuta que no uno puede explicar y pese a todo las hace… una de ellas es tender con lluvia)… aquí, trabajar un día de lluvia o caminar 100 metros sin paraguas, o con un paraguas roto… no es un drama.

img_6079

Como dato: Mi paraguas se ha roto mientras iba de casa al coche… me he acordado entonces del paraguas gigante de colores que compré en Calcuta, pero que era tan grande que no me cabía en la maleta al volver… lo dejé allí, lo “heredó” Ramón.
Le he escrito a Ramón diciéndole que echaba de menos mi paraguas gigante, y me ha dicho que está dando servicio a las Sisters y a las señoras de PremDan, “que por lo visto ¡están encantadas con él!” (cito literalmente).
Visto así… me alegro de haberme mojado hoy por no tener aquí mi paraguas de colores… 🙂

La relatividad del tiempo 

Hace menos de un mes que he vuelto. Eso significa que hace un mes estaba en Calcuta. 

Hace un mes estaba pensando “jo, en dos días me marcho”, mientras disfrutaba de mis últimas horas en India con mis amigos. Hace un mes pensaba en lo difíciles que son algunas despedidas. 

Hoy, después de una jornada laboral, sentada en una tetería (sí, me he pedido un “Chai”) mientras espero a un amigo, he tomado conciencia de lo largo que ha sido este mes. 


Pese a empezar el otoño, a oler bien, llevar una chaquetilla, algo de colorete, la raya en los ojos, el pelo limpio, tejanos… algo de esta tarde me ha llevado allí. 


Llevo 27 días en España, los mismos que pasé en Calcuta.  Pero muy distintos. Mucho más largos, mucho más intensos, igual de duros, pero en otro sentido. 

Una de las cosas que más me asombran de Calcuta es la capacidad que tiene de alterar la dimensión temporal. Cuando llevas unos días y te acostumbras a su ritmo, no sabrías decir si has estado allí dos semanas o dos meses. 

Ahora, 27 días después, veo que eso no es distinto aquí. Quizá porque todavía no me he adaptado, quizá porque cada vez soy un poco más de Calcuta, quizá porque la realidad se vuelve intensa, quizá porque me hago mayor y empiezo a notar que el tiempo no es indiferente.  


En cualquier caso, echo de menos el calor, el ruido, el color, el trabajo y el ambiente de Calcuta. 

Pero lo echo de menos de un modo distinto, con una nostalgia menos dolorosa que el resto de años. Quizá por fin he cedido y he aceptado la idea de que voy a volver y por eso no me duele tan rabiosamente el no estar allí. Total… solo faltan 287 días. 

Septiembre: periodo de adaptación 


Me sigo llamando Sheila, sigo teniendo 28 años, llevando las mismas gafas, peso lo mismo, visto igual, el peinado es prácticamente el mismo… aparentemente no hay nada nuevo. 

Hace 25 días volví de las vacaciones, lo mismo que todos los años. Quizá lo distinto es que este año, por primera vez, he viajado sola. 

Viajar sola condiciona mucho el tipo de experiencias que atesoras. Para empezar si viajas sola (y si además eres mujer, pa’que te voy a contar…) te inculcan que has de viajar con miedo, que debes llevar el doble de prudencia y que no puedes fiarte ni de tu sombra. Lo de la prudencia está bien, pero (llamadme soñadora…) en este mundo, gracias a Dios, hay más gente que ayuda que gente que hace daño. 

El tema es que he viajado sola, he conocido a muchísima gente (la mayoría gente maravillosa y excepcional), he vivido muchísimas cosas que uno se pierde cuando va acompañado, he aprendido mucho (sobre todo sobre mí), y he sentido de un modo mucho más intenso. 


Lógicamente este verano para mí ha sido excepcional y me siento bendecida, afortunada y feliz. Pero la vuelta está siendo complicada. 

Volví apenas 12h antes de entrar a trabajar, y apenas 48h después subía de nuevo a un avión para seguir con la aventura… desde entonces todavía no me he sentado a hacer la digestion. No he tenido todavía una tarde libre o un fin de semana para descansar y poder ordenar en el corazón todo lo que he vivido. 

En parte (una gran parte), es culpa mía porque he ido diciendo “si” a todo, y no me he ayudado a encontrar ese momento. No me arrepiento de ningún “si”, son más regalos que puedo ir guardando. 

Sin embargo, si que veo que necesito ese tiempo, que necesito ese espacio para ir haciendo la digestión e ir conociendo a la Sheila que ha vuelto de este viaje. Por eso os pido (y me pido) paciencia. Estoy rara, estoy susceptible, hago poco caso a mis amigos, llamo poco, contesto pocas llamadas, no leo muchos mensajes, no envío casi ninguno, y me agobio rápido. Lo siento, no os quiero menos, no estoy cansada de nadie.

 Estoy, como los niños con la vuelta al cole, en proceso de adaptación. 

(Santa) Madre Teresa

MadreTeresaCalcutaGrande

Este fin de semana ha sido uno de los mejores fines de semana de mi vida.

He tenido el grandioso privilegio de poder participar y vivir un momento histórico que además ha sido un regalo para mí. He podido estar en la canonización de Madre Teresa.

Como contaba en el post anterior, ha sido un momento de precioso de encuentros, reencuentros, recordar vivencias, recordar rostros, emocionarme, vivir y sentir… Solamente puedo estar agradecida.

Además, el domingo (misa de la canonización) se me regaló la total y absoluta suerte de poder estar no solamente dentro de la plaza, sino en quinta fila justo delante del altar, y poderlo ver todo el directo.

img_6779

Además, pasamos la noche anterior en la calle (para poder tener buenos sitios) y fue una noche muy especial de oración, de poder compartir con otras personas, de conocer más la obra que Dios realizó a través de Madre Teresa…

14141552_882723195192830_5751607861934521403_n

Como hice en el post anterior con la catequesis, os comparto aquí cuatro puntos sobre la homilía del Papa en la misa de canonización, en el jubileo del voluntariado:

  • Los protagonistas de la historia son siempre dos. Dios y nosotros. No va ligado ser llamados y hacer su voluntad. Primero somos llamados y luego nosotros podemos o no acoger esa voluntad.
  • Para verificar la llamada de Dios tenemos que preguntarnos qué es lo que nos gusta o lo que nos llena a nosotros.
  • Si reconocemos que en el servicio al hermano hemos alimentado, vestido, dado de beber y tocado la carne de Cristo, no existe alternativa a la caridad.
  • La multitud que acompañaba a Jesús y le seguía hoy se representa en la multitud que manifiesta en el voluntariado el amor concreto de Dios por cada una de las personas. El voluntariado es fuente de alegría y consolación. A cuantos pobres sostienen, alimentan y enjugan las lágrimas los voluntarios? El servicio da paso a la fe, exprime la misericordia del padre y lo hace cercano a aquellos que viven en necesidad
  • El voluntariado requiere coraje y radicalidad para reconocer al maestro de la vida en el marginado y en el último: por eso el que busca a Jesús en el más pobre no espera agradecimiento ninguno sino que lo hace porque ha descubierto el verdadero amor, ha reconocido a quién pertenece el rostro que se inclina sobre él en el momento de necesidad profunda.
  • Nuestra presencia como voluntarios sostiene en la iglesia la esperanza de la mano tendida del Señor cuando estamos pobres y débiles en el suelo.
  • Que ella, paradigma de mujer y de voluntaria, sea vuestro modelo de santidad. Tan cercana y espontánea que por más títulos que le demos seguiremos llamándola MADRE TERESA

14199713_10154511345433928_6137324580132637867_n

  • Ella solía decir que no podía hablar todos los idiomas, pero que se entendía con todo el mundo porque podía sonreír

Realmente solo añadir, que de todas las cosas que me han pasado y de todo lo que se me regala, yo se que sin lugar a dudas, una de las más grandes es formar parte de la familia MC, y poder ser voluntaria.

14222163_883058101826006_5293745162506466028_n

Servir sin miedo y con humildad

¡Qué fin de semana tan intenso y tan maravilloso! 


Este fin de semana se me ha regalado vivir una gran celebración. Estoy en Roma para celebrar la canonización de la Madre Teresa de Calcuta, en escasas 12 horas Santa Teresa de Calcuta (😍). 

Hoy, en los actos previos, hemos tenido catequesis con el Papa esta mañana y oración-concierto esta tarde. 

La catequesis ha sido preciosa… El Papa, en el entorno del año de la misericordia, concretamente por el jubileo de los voluntarios, ha hablado del servicio. Las ideas principales que ha lanzado para los voluntarios y los que viven el servicio (al menos las que a mí me han resultado más atractivas) han sido estas: 

– La credibilidad de la iglesia pasa a través de vuestras manos que sirven. 

– Vosotros tocáis la carne de Cristo con vuestras manos. Qué no se os olvide esto. 

– El mundo tiene necesidad de signos concretos de solidaridad, sobre todo delante de la tentación de la indiferencia. Estamos necesitados de personas que contrasten con su vida la enfermedad del individualismo 

– Estad siempre contentos y llenos de alegría por vuestro servicio pero no convirtáis nunca esto en algo que os haga sentir superiores al resto. Que vuestra obra de servicio sea humilde para que siga la obra de Cristo. 

– Pregúntale a Dios: Señor porque? Porque me has hecho tan débil y sin embargo me llamas a hacer este servicio? Señor dame fuerzas y dame humildad

Además esperando a que empezase me he encontrado a una sister de Calcuta que ha venido a saludarme… ¡Cómo en casa! 


Y después por la tarde… El concierto-oración ha sido muy bonito, pero el regalo ahí ha sido otro… Conocí este verano en Calcuta un sacerdote de NY que me ayudó muchísimo pero del que lamentablemente no pude despedirme… Y hoy le he visto aquí y los dos nos hemos emocionado mucho porque la Madre Teresa le ha “arrancado” a Jesús el regalo de poder despedirnos e intercambiar el mail. Además me ha dado una bendición preciosa… Y de camino a mi sitio me he cruzado con sister Prema (la superiora general de las misioneras de la caridad)  y me he llevado también una bendición suya 💙. 


Solamente puedo estar agradecida… Y ¡mañana más! 

Hasta pronto

He hecho la maleta, he lavado la ropa y se la he dado a las hermanas, he recogido todos lo regalos y ya falta algo más de 24h para estar en casa. 

Dejar Calcuta es difícil, y cada vez lo es más. Los voluntarios, las Sisters, la gente de la calle, los ruidos, los olores… Todo junto es una mezcla que cautiva, que te enamora… Y como todo enamoramiento, cuando se acaba, te rompe el corazón. 

La sensación más parecida que se me ocurre a dejar Calcuta es la del desamor. El separarse de alguien a quien se quiere mucho, sin saber si se le va a volver a ver, y con la incertidumbre total de qué  sucederá en su ausencia. 

Dejar Calcuta me supone un agujero en el corazón. Un agujero que tardo meses en remendar, y cuando está más o menos adecentado, vuelve a abrirse. Además a medida que sumo amigos, experiencias, cercanía con las hermanas, más cariño hacia la gente que quiero, más gente a la que quiero… El agujero cada año se abre más grande. Quizá por eso cada vez duele más irse. 

Suelo pensar que en Calcuta es imposible estar triste… Pero hoy, como cada último día de Calcuta, me he acordado de que aquí es donde experimento la mayor de las tristezas, el dolor de tener que romper el corazón despidiéndome de esta ciudad a la que llaman, muy acertadamente, la “ciudad de la alegría”.

Todo lo bueno se acaba 

Me quedan 4 días en Calcuta. 

Veo cada vez más cerca el llegar a casa, y en cierto modo me apetece. Ha sido un verano brutal, muy intenso, y necesito descansar y hacer la digestión de todo lo que he vivido, tanto en Polonia como en Calcuta. 

Pero mentiría si no dijera que me aterra volver a Barcelona. 

Ha sido un verano de mucho amor, en el que he conocido personas muy especiales, que me han enseñado que pese a que hay mucha gente que hace daño, también hay personas que sanan, y merece la pena arriesgarse y abrir el corazón por tal de conocerlas. 


Ayer, con Andrea y Rocío, hablábamos de eso, de cómo hay personas, que simplemente con un abrazo o una mirada son capaces de regalarte lo que son sin reservas, de quitarte el miedo y de permitirte abrir el corazón como nunca hubieras imaginado hacer. 

A todas esas personas, gracias. Habéis hecho mi verano muy especial y me habéis robado un trozo de corazón. Un trozo grande. 


Como he dicho, dentro de 4 días me vuelvo a barcelona. Eso significa que se está acabando el mes. Y en Calcuta, fin de mes significa “despedidas”. Despedidas de amigos, de hermanos, de compañeros de camino y de gente que sabes que no volverás a ver y aún así no puedes evitar quererlas. 

Calcuta es un lugar especial. En una ciudad conocida por su pobreza, por su suciedad, por estar superpoblada y tener cantidad de gente abandonada y sufriendo… Es justamente en esa ciudad donde uno más aprende a amar, a amarse, a perdonar y a personarse, aprendemos también que estamos de paso y que no hay nadie imprescindible, ni nada tan importante que no pueda esperar un rato mientras damos un abrazo, una caricia o terminamos una conversación. 


Calcuta es, para mí, una escuela de amor y de la vida. Calcuta es un lugar donde Dios está en cada voluntario, en cada persona de la calle, en cada enfermo y en cada hermana… Calcuta te enseña a mirar a los ojos y a buscar quien hay detrás de cada mirada. Calcuta es la cuidad de la alegría y de los milagros. 

Y como decía la Madre Teresa, Calcuta está en la casa de cada uno. No tengo mayor deseo que encontrar Calcuta en mis amigos, en mi familia, en mi trabajo, en mi relación conmigo misma… 


Y solamente me quedan 4 días para llegar a España y volver a intentar ser quien soy, y hacer aquello para lo que he sido soñada. 4 días para ser en España igual de libre y feliz que en Calcuta.