Vivir algo así desde aquí 

Ayer pasó, algo tan temido como esperado. Hubo un atentado en Barcelona. 

Ahora todos lloramos, ahora ya todos somos un solo sentir. 

No fuimos Siria, no fuimos Pakistán, India o Nigeria, fuimos un poco París o Londres, pero definitivamente somos Barcelona… 

No voy a ser hipócrita, soy de Barcelona y por eso probablemente este atentado para mí ha sido algo más sentido. Además de que estando a 8000km de donde ha sucedido me embarga el pánico cuando me entero, casi en directo, de lo que está pasando (bendito 4G). ¿Mi familia estará bien? ¿Y mis amigos? ¿Las familias de las personas a las que quiero? ¿Las hermanas de Barcelona? 

Van pasando los minutos desde que nos enteramos y se mastica la impotencia entre los catalanes que vivimos juntos en el hotel… siguen llegando rumores y uno no sabe que creer (maldito 4G). Los cordobeses y madrileños que comparten hotel con nosotros nos miran con cariño, deseando no encontrar la mirada de alguien que recibe malas noticias… porque cada mensaje que recibimos nos confirma más muertos, heridos, incluso más ataques… se unen de corazón y de viva voz a la oración improvisada, Rosario en mano, que se monta en el jardín del hotel… cuando uno sufre siempre busca a su Madre.

Llegan vídeos desagradables y excesivamente explícitos que nos llevan a preguntarnos qué narices nos pasa como sociedad cuando en medio de semejante espectáculo alguien saca el móvil para grabar en vez de lanzarse a ayudar ni que sea dando la mano a la gente que grita desde el suelo. 

Y en medio de todo eso es fácil que de todos los corazones sobrecogidos por el hecho, por las noticias que llegan, por las imágenes… nazca la pregunta: ¿dónde está Dios esta noche en Barcelona? 

Lamentablemente en que eso pueda suceder está Dios, que con más amor del que nos merecemos, nos da una libertad que claramente no sabemos utilizar. 

Dios está llorando, como frente a la muerte de todos esos inocentes, como frente a la muerte de Lázaro. 

Dios está en la cruz perdonando a esos asesinos igual que perdonó a la Magdalena, a Pedro por negarle y al buen ladrón que compartía su suerte en el Calvario.

Dios está en todas las personas que en medio del caos, se abrían paso entre los que huían en dirección contraria… arriesgándose solo por ayudar. 

Dios está en los corazones que se han lanzado en una ola de solidaridad a donar sangre, acoger gente, repartir comida… 

Dios está en todos los que no vamos a echar un paso atrás ni vamos a renunciar a nuestro día a día por miedo, a los que no vamos a callar el amor de Dios por más ataques que nos inviten a dudar de Él… 

Recuerdo además que antes de venir a Calcuta, una de las veces que mi madre manifestó que le daba “cosilla” que me viniera aquí por la amenza… le dije “mamá si me quedo, ¿que crees? ¿Que no puede pasarme lo mismo en las ramblas yendo a ayudar a las hermanas aquí?”. 

Esta mañana he estado hablando con una de las hermanas de Mother House (realmente en estas situaciones uno es mucho más consciente de que estas mujeres sostienen el mundo… desde el primer momento han buscado a los que sabían que somos de Barcelona pidiendo información sobre la situación y nuestros seres queridos, han ofrecido la Misa por ellos, han hecho una mañana de oración especial  por lo sucedido, largo etc.) y me decía que sí, que es cierto que han aterrorizado a toda España con una serie de ataques en pocas horas que han generado una sensación de estar a su merced… pero esto solo puede despertar una actitud en los cristianos. La actitud de mirar hacia Dios y dárselo todo a Él, de vivir sin miedo confiados en algo que mucha gente puede haber experimentado hoy en Barcelona, que solamente Él nos sostiene, solamente Él es seguro y solamente Él consuela… 

Y en medio de todo esto, quizá porque estoy lejos, quizá porque en el fondo yo también soy un poco más Barcelona de lo que fuí París o Siria… quizá simplemente porque en el fondo espero despertar mañana y que todo sea una mala pesadilla… pero veo las imágenes, leo los mensajes, las noticias, escucho los audios… intento imaginar que se vivió… y solo veo, leo, oigo e imagino el grito del corazón de Jesús en la Cruz, que en medio de todo esto sigue teniendo sed de que perdonemos, amemos y llevemos a esos terroristas hasta Su Misericordia, porque hoy, como en el día que matamos a Jesús… Él sigue teniendo sed. 

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