Todo lo bueno se acaba 

Me quedan 4 días en Calcuta. 

Veo cada vez más cerca el llegar a casa, y en cierto modo me apetece. Ha sido un verano brutal, muy intenso, y necesito descansar y hacer la digestión de todo lo que he vivido, tanto en Polonia como en Calcuta. 

Pero mentiría si no dijera que me aterra volver a Barcelona. 

Ha sido un verano de mucho amor, en el que he conocido personas muy especiales, que me han enseñado que pese a que hay mucha gente que hace daño, también hay personas que sanan, y merece la pena arriesgarse y abrir el corazón por tal de conocerlas. 


Ayer, con Andrea y Rocío, hablábamos de eso, de cómo hay personas, que simplemente con un abrazo o una mirada son capaces de regalarte lo que son sin reservas, de quitarte el miedo y de permitirte abrir el corazón como nunca hubieras imaginado hacer. 

A todas esas personas, gracias. Habéis hecho mi verano muy especial y me habéis robado un trozo de corazón. Un trozo grande. 


Como he dicho, dentro de 4 días me vuelvo a barcelona. Eso significa que se está acabando el mes. Y en Calcuta, fin de mes significa “despedidas”. Despedidas de amigos, de hermanos, de compañeros de camino y de gente que sabes que no volverás a ver y aún así no puedes evitar quererlas. 

Calcuta es un lugar especial. En una ciudad conocida por su pobreza, por su suciedad, por estar superpoblada y tener cantidad de gente abandonada y sufriendo… Es justamente en esa ciudad donde uno más aprende a amar, a amarse, a perdonar y a personarse, aprendemos también que estamos de paso y que no hay nadie imprescindible, ni nada tan importante que no pueda esperar un rato mientras damos un abrazo, una caricia o terminamos una conversación. 


Calcuta es, para mí, una escuela de amor y de la vida. Calcuta es un lugar donde Dios está en cada voluntario, en cada persona de la calle, en cada enfermo y en cada hermana… Calcuta te enseña a mirar a los ojos y a buscar quien hay detrás de cada mirada. Calcuta es la cuidad de la alegría y de los milagros. 

Y como decía la Madre Teresa, Calcuta está en la casa de cada uno. No tengo mayor deseo que encontrar Calcuta en mis amigos, en mi familia, en mi trabajo, en mi relación conmigo misma… 


Y solamente me quedan 4 días para llegar a España y volver a intentar ser quien soy, y hacer aquello para lo que he sido soñada. 4 días para ser en España igual de libre y feliz que en Calcuta. 


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