La cuidad encantada 

Estoy disfrutando como una enana, tanto que me limito a vivirlo, sin pensar mucho en registrarlo o compartirlo. 

Estos días han sido increíbles. El español, pese a ser un idioma muy rico, se queda corto, ya que no logro encontrar una palabra que defina con exactitud mi estado. “Felicidad” no abarca lo suficiente. 

Por contar uno de los muchos momentos, hace dos días fue el encuentro mensual de voluntarios. Este encuentro, que organizan cada mes las Sisters para fomentar la convivencia entre voluntarios, suele constar de algún teatrito o representación (me tocó el papel de demonio) y luego un rato de compartir experiencias, y un rato de oración, adoración y alabanza antes de la cena. 


Fue un rato de oración tan bonito… Cantando, compartiendo… No hay palabras que hagan justicia a todo lo que puede sentirse aquí. 

Por otra parte, los voluntarios… Magnifico e imperfecto grupo de personas… En Calcuta uno tiene las conversaciones que serían necesarias en cualquier relación humana, aquí se comparte todo lo que se siente de corazón a corazón, no hay intermediarios, no hay máscaras, no hay estándares que cumplir ni listones que alcanzar. 

En Calcuta no hay edades ni religiones. Aquí haces Amigos (con mayúsculas) de 17 años y Amigos de 85 (literalmente). Amigos que tú no eliges, porque llegar aquí es una lotería, estar aquí es un regalo inesperado y muchos de nosotros no sabemos explicar cómo hemos llegado hasta aquí, y sin embargo aquí estamos cada uno con sus cruces y sus motivos. 


Conversaciones fugaces que duran horas y que se convierten en una de las experiencias más bonitas de amistad que uno puede experimentar. Desconocidos que abren el corazón y se dan todo lo que tienen, todo lo que son y sienten. Desconocidos que te escuchan y se convierten en amigos que dejan huella en el alma aunque sean pasajeros. 


Personas que hace 13 días no había visto en mi vida, y que ahora no concibo mi vida sin que ellos hayan pasado por ella. Porque todos suman, porque una conversación que parece fortuita, se convierte en un regalo difícil de explicar. 


En esta ciudad donde se pierde la nació del tiempo, curiosamente cada segundo es importante, porque nunca sabes cuándo va a volver a sorprenderte.

Conoces y te conoces de un modo más puro y sincero. Y aunque esto no es el “mundo real” para nosotros, sin duda es algo que merece la pena intentar en nuestros entornos.

Esto y muchas otras cosas que no se poner con palabras, y que de intentarlo me quedaría corta y no haría justicia, es Calcuta. 

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