Calcuta 💙

Hoy ha sido uno de esos días en los que uno vive cosas que le exceden; en los que nos hacemos conscientes de estar recibiendo unos regalos que no hemos hecho nada para merecer, y nos pillan desprevenidos, dejándonos desarmados, con una gran sonrisa y el corazón agradecido. 

Algunos voluntarios hemos podido ir esta tarde a un simposio sobre madre Teresa en una de las universidades de Calcuta. Uno de los ponentes era Jim, un voluntario que hace unos 30 años que viene, si no me equivoco es el voluntario más veterano de Mother House. 
En su ponencia, Jim ha explicado una experiencia que creo que todos los voluntarios hemos vivido: cuando nuestros conocidos y amigos nos dicen cosas tipo “te admiro”, “yo no podría”, “claro, tú eres muy fuerte”. Realmente cuando nos decís eso… Creedme, os estáis equivocando, y Jim lo ha explicado muy bien. Los voluntarios no somos personas especiales, maravillosas o más santas, somos solo voluntarios frágiles y con nuestra propia pobreza. 

A nuestra manera, somos los desnudos, los pobres, venimos con heridas abiertas, somos lo que somos y aquí no podemos esconderlo; aquí en Calcuta se cumple lo que decía San Francisco, “soy tan sólo lo que soy ante Dios”. 

Rotos, pobres de espíritu, necesitados de ayuda. Muchos de nosotros venimos aquí más a ser ayudados que a ayudar. Es cierto, ponemos las manos a servir, pero no venimos a salvar Calcuta, y si volvemos no es porque aquí seamos indispensables, sino porque Calcuta nos salva a nosotros. 

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