Dos colores, mil historias

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Uno de mis lugares favoritos en el mundo: la capillita donde está la tumba de Madre Teresa. Donde cristianos y no cristianos rezan con devoción o hablan de corazón a corazón con esa pequeña gran mujer 🙂

Ayer fui a los comedores de las Misioneras de la Caridad que hay en Barcelona. Fui con Anna y Susana (ya os vale chicas, no nos hicimos una foto… ahora os quedáis sin salir en el blog), y fue una mañana estupenda.

Ayer había muy pocos colaboradores en el comedor, cosa rara siendo domingo, y la verdad que estuvimos bastante ocupadas.

Un rato lo pasé en la cocina, con los “mayores” (media de edad, unos 60 años) y como una es de todo menos tímida, estuve hablando con ellos. Con quien más hablé es con un hombre que suele estar allí, normalmente lavando vasos, se llama Cefe, me habló de sus nietas, una tan solo de dos semanitas… (amor), y me decía lo mucho que le alegraba ver que la gente joven también quería servir a los demás.
También estuve un rato sirviendo pollo, con otro voluntario que se llama Santi, de unos 40 años. No hablamos mucho, presentarnos y bromear un poco sobre mi destreza sirviendo pollo o lo viejo que se sentía si no le tuteaba.
Otro rato pude estar lavando cucharas en la salida, hablando con la Hermana Portal, una Sister “galleguiña”, ya mayor, de voz aguda y mucho carácter. Me contó que descubrió su vocación muy joven, que casi no recuerda Galicia, pero que está agradecida por la vida que ha tenido, por todo lo que ha visto y todos los lugares en los que ha podido estar, como dijo ella “hasta en los confines de la tierra, allí donde hay más leones marinos que personas”.
También pasé un rato hablando con la Hermana Angélica, y con la Hermana Blanca, la superiora de Barcelona, a quien le llevé unas velas pintadas como el sari, para celebrar la próxima canonización de Madre Teresa.

Y con esto me fui a casa, pensando justamente en ese sari, el uniforme del ejército de ángeles que son las Sisters. El sari es el vestido típico de la mujer en India, los hay de todos los colores y de telas lujosas, seda, con pedreria, teñidos, con dibujos, pintados a mano, elaborados por los más delicados artesanos… y también, para las mujeres sin recursos, las más pobres, las que deben ser socialmente señaladas y apartadas. Para ellas, el sari es de algodón, es tosco y poco elaborado… justamente ese es el sari que eligió Madre Teresa. Un sari de “tela de saco”, sin adornos ni lujos, probablemente no es la tela más cómoda, y sin embargo se ha convertido en uno de los vestidos más reconocidos en el mundo entero.

Ayer, miraba a los colaboradores, miraba a los usuarios del comedor, pensaba en Calcuta, y no puedo evitar preguntarme de cuántas historias son testigo esos saris, cuántas vidas se articulan entorno a estas hermanas… cuántas personas, cuando vemos ese sari nos sentimos como en casa.

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