“Francisco, repara mi Iglesia”

imageCon estas palabras, Jesús interpelaba a san Francisco, un alocado italiano de familia bien allá por el siglo XIII.

A raíz de que Jesús le interpelase de ese modo, el joven Francisco se interroga sobre como la Iglesia está viviendo el Evangelio, se pregunta, como haría siglos después la Madre Teresa, si es posible vivir la pobreza evangélica, sin morir en el intento.

Francisco, en contra de lo que cabía esperar por la posición social en la que le hubiera podido dejar su familia, deja todo (y ojo, todo es todo, san Francisco era un auténtico y genuino jóven como los que hay hoy, que por menos de algo absolutizante, no se hubiera movido de sus comodidades) y se va, con lo puesto, a vivir en los caminos y a servir a los más pobres de entre los pobres, a los leprosos, a los marginados, a los que nadie recuerda… Y el motivo por el que va con lo puesto, haciéndose uno entre los pobres, es para que le sientan uno más, y le acepten siendo Iglesia. Para que la Iglesia de Jesús se haga pobre entre los pobres y viva con ellos, con los (no podemos permitirnos olvidar esto) preferidos de Jesús, la buena noticia.

Estos días, he aprovechado para “descansar”, y me he ido de retiro a una casita de monjas, en la montaña, con unas amigas. Claro, en este silencio, en ambiente de oración, leyendo… Una tiene tiempo de pensar (quién sabe, una puede hasta tener buenas ideas, o terminar de chalarse…), y una de las pocas cosas que he podido sacar en claro, es que  el campo, la paz, la tranquilidad, el silencio… No son para mi. Ahora se como se sentía Rapunzel, en aquella torre sin hacer nada.

Por otra parte, y dado que en los ambientes que me muevo, suele haber mucha monja, he aprovechado para observar. No dudo que las monjitas que viven aquí, deben ser felices (estrés desde luego no tendrán), y tomo conciencia de que en la vida de Iglesia debe haber carismas y llamados a todo tipo de actividades… Pero hay algo que me tiene inquieta… Y antes, bromeando, he dicho que comprendo como debe sentirse Rapunzel, pero ahora añado, que puedo entender la inquietud que vivía San Francisco, esa inquietud de Jesús frente a la falta de pobreza evangélica, la inquietud de Madre Teresa, cuando siendo maestra todavía en la congregación de Loreto, salía a la calle y veía toda esa pobreza…

Hoy, me tocaba a mi el turno de la vajilla después de comer, he ido más contenta que unas castañuelas pensando que tendría un pequeño momento “kalighat” lavando platos, pero ¡ay!… Como decía no se que santo (quizá era Santa Teresa de Ávila), la imaginación es la loca de la casa. Cuál ha sido mi sorpresa que para lavar los platos de 6 monjas que son y 5 huéspedes que tienen… Lavan a máquina… El alma a los pies.

Y ha resonado, en pozo al que ha caído mi gozo, esa frase que Jesús, probablemente lleno de dolor, le dijo a San Francisco, y el llamado que un Jesús sufriente en la cruz, viendo a sus hijos pobres en el suelo le dió a Madre Teresa.

Para que luego digan que no he aprovechado los tiempos de meditación del retiro…

BIENAVENTURADOS LOS POBRES, PORQUE DE ELLOS SERÁ EL REINO DE LOS CIELOS

 

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